--- Pua, pua --- resonaba los lamentos de las aves, que revoloteaban taciturnas, buscando donde guarecer en los parajes de la noche, próxima a depositarse en la campiña.
--- Chi...,chi...--- replicaban los chillidos de los monos, que aun bamboleaban en las copas de los arboles, meciendo sus algarabías en busca de donde descansar.
El chasquido húmedo de las hojas que despojadas de las ramas, hacían un vaivén aéreo antes de caer al penasco inclinado, junto a los ruidos que de la penumbra se insinuaban, mientras la oscuridad se hacia manto apagando el paisaje.
El azul profundo del agua que arremetía contra las rocas, serpenteaba entre las raíces de la maleza al salir en bocanadas de la pequeña entrada de la montaña. Cerro acicalado con rocas de todos tamaños y pequeños arbustos, regados al azar en sus faldas, infinidad de troncos cortados de tajo, como lunares de madera incrustados de astillas color café tostado por el sol.
En la otra orilla del infinito recorrido del río, se recostaba en la sabana tenida de arboles de plátano y banano, los palmos, chico zapote, quienes adornaban la fértil tierra de la boca costa; antes de encontrarse con los ranchos de lepa con sombrero de palma, que se sacudían con humo de leña y ascendía paralelo hacia los espacios de la inmensidad del cielo.
El aplauso continuo que se deja escuchar en el interior de las covachas, las tortillas que saltan en el comal, acompañando el batidor de café que burbujea cálido cuando las lenguas del fuego le envuelven el fondio y le tiznan el trasero. El chorro de güiros prendidos a la mesa, somatan las cucharas y platos de peltre, con figuras de hojas, en espera del chorrito de caldo de frijol, con una que otra pepita, con el mamacho hecho de masa salida del comal, para calmar el hambre, la necesidad. Agua del cántaro, en vaso de herradura y un rimero de chile diente perro en la pana con suficiente sal.
La cadena de ladrido de chuchos, que anuncian la llegada de una caravana, la que emerge de los mantos de polvo que se levantan al paso de un par de vehículos, con las luces prendidas, como ojos de gato por la noche, que se encandilan despectivos dentro del patio del primer rancho de la aldea de CAMPUR. Al tronco de la ceiba milenaria, bajo el manto de la noche, pringada de estrellas, se despereza el encargado de la jornada, quien había arribado una hora antes. Se incorporo al sonsonete de los grillos y las chicharras, que rondan por zanjas de las callejuelas y en el goteo incesante de la ventisca.
--- Buenas noches Jefe... ¡ los esperábamos mas temprano
--- Cállese que nos hemos dado la gran perdida en el camino.---
Habíamos recorrido alrededor de 150 kilómetros , desde la cabecera del departamento de Alta Verapaz, en una trenza de camino de terraseria, de tierra, junto a las montañas, desafiando los desfiladeros y el vértigo de los barrancos, mas el constante encontronazo con los camiones y camionetas en las angostas, pálidas cuestas. El fino polvo café que se había intercalado en nuestras cabezas, hasta el tuétano, y el cuero cabelludo, nos hacia aparecer con mascaras de barro, entre mezcladas con el calor de la región, que nos hacia sudar.
--- El recorrido fue largo, salimos a eso de las dos de la tarde de la capital, al llegar al entronque, seguimos de largo hacia Fray Bartolomé, ni se imaginan, no dábamos y se hacia tarde, preguntamos en varios lugares, pero no nos daban razón, hasta que en la aldea de mas abajo, nos dijeron que teníamos que regresar unos diez kilómetros.
--- Lo bueno es que ya están aquí, todo esta preparado para mañana, es plebe la gente que viene, seria bueno que revisaran el lugar para las consultas.--- indico el encargado.
El solitario Puesto de Salud, era pues , nuestro lugar de todo, esa noche de dormitorio, al día siguiente de consultorio, sala de operaciones etc. Las candelas hicieron su debut al apretar lo oscuro de la noche, como cientos de luciérnagas se lucían a lo lejos, lo disperso de los rancho. El grupo se acurruco en la entrada del edificio en torno de una lampara de gas, para comentar algunas charadas del viaje, chistes picantes o de salón de lustre y poder degustar un sorbo de café, unos panes con frijolitos refritos. Insólito era que por el distraído desconocimiento, hubiésemos caminado mas de dos horas a lo largo de la carretera, sin poder encontrar la aldea en cuestión; tontera acaso, bien y ahora aventura.
--- Las señoritas que se acomoden en este cuarto --- indico Herman, mostrando una de la habitaciones.
--- A lo mejor vos dispones así, para después no equivocarte, a la hora de las gateada.—indico Edgar.
Los hombre del grupo soltaron tremenda carcajada, mientras las damas dibujaron una leve sonrisa picaresca, agachando la cabeza y susurrándose al oído, quizás por lo oscuro del lugar, no se logro ver cuanto se habían sonrojado.
El resto de la noche se hizo corta, entre ronquidos, humo de cigarrillo y una que otra gemida.
La salida del sol fue en mucho precedida del canto de los gallos, quienes altaneramente agitaban sus alas en señal de la inminencia de los rayos solares al inicio de una jornada, los clarineros se mecían en las ramas de los cocoteros anunciando con su graznido la llegada de la mañana. La niebla se había disipado, el calor de la tierra se desprendía en cadencioso vaho, que se elevaba como plegaria hacia el cielo, con la caída del rocío de la madrugada.
En una de las habitaciones se dejaba escuchar el tableteo de los palanganazos de alguien que se nos había adelantado a refrescarse con el baño, con la purificante helada agua del tonel de deposito de la improvisada bañera.
--- ¡Ja.... por papo me baño, esa agua debe de estar que quema!
---¡La cascara guarda el palo!, ¿verdad vos?--- respondí
---Así es mi amigo --- dijo Meme --- mas vale que digan aquí se rajo, que aquí se congelo y se pelo.---
La actividad se había centrado en la atención de los cientos de aldeanos que acercaban curiosamente en busca de consuelo, alivio o algo mas, se les repartieron números, se les apunto en un cuaderno, se les hizo permanecer en fila, otros sentados en las bancas para esperar su turno. En el interior los enmascarados de ropa azul celeste, desamarraban paquetes, jalaban cajas, colocando las palanganas de instrumentos sobre las mesas, varios colchones en el puro suelo que se revestían de sabanas limpias eran las camas improvisadas para las que se operaban.
Atrás, después de un par de jalones de gran fuerza...
--- Chu,chu,chu.--- de la maquina que hacia y surtía de electricidad, que aunado a su monotonía ruido infernal, que luego se ignoraba por la atención, mientras las lamparas encendían los ojos y los aparatos prendían , para decir que se encontraban preparados y listos para acciones. Como fila de lamas en confesionario, caminaban envueltas en sus batas blancas, las elegidas que luego de penetrar al umbral de la sala de operaciones, donde por voluntad recibían su tratamiento, con la panza medio hinchada con una mona de venda y esparadrapo cubriéndole el ombligo, se les levantaba de la mesa medio adormitadas; luego de que se le conducía hacia el cuarto de recuperación, de colchonero en el suelo donde se impregnaban de un pestanazo, antes de revestirse y abandonar el recinto, con su propósito cumplido.
Vaya si no, la jornada fue todo un éxito, mas de 104 consultas, de las señoras panzonas embarazadas de niños cajones, desnutridos, casamientos con tos y tantas otras cosas, de fusilamiento de lombrices de toda edad, balsámico para dolores de corazón y de conciencia. Otras tantas operaciones, unas cuantas curaciones, charlas para la mente y el espíritu o palabras de aliento para el cansancio y la pobreza; pero la mano de la salud había fincado en el lugar, había llegado tal ves a destiempo, pero había llegado de la mano de los hombre.
Nuestros aliados los educadores, fueron de particular ayuda, en el pueblo la comunicación era básica, nadie le habla castellano, aunque lo sepan, el kekchi, la lengua autóctona, para llegar a estos paisanos, hay que utilizar interprete, pero no comprendimos y eso nos dio la oportunidad de servir.
Para coronar el esfuerzo, fue encargada la comida, gallina en caldo, en tasa de barro, con tortillas salidas del comal, así de grandes, para untar el respectivo IC (chile) y a comer con los dedales, porque no hay de otra, banquete de los pobres con una tasa de pinol al final de la comilona.
Aun con aquello de haber cumplido de conciencia, a través del choque de las manos en punta de despedida, montamos nuestros rocinantes de acero y nos hicimos a la mar, mientras que con los brazos en alto, los guipiles blancos, rosados multicolor, no daban el despido de la esperanza.
--- ¡Mantiosh!, chabe ---
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