miércoles, 5 de octubre de 2011

LA FABULA DE QUETZAL Y QUETZALI

 CAPITULO I
" El Cabildo "
Hace largo tiempo en las altas pirámides del Mundo Perdido, existía el pueblo de los Mayas Eternos, en el vivía un rey llamado KEKCHI, quien los gobernaba, con gran sabiduría, con gran nobleza y justicia, por lo que su pueblo lo amaba grandemente y lo respetaba. Junto a él su hijo KAI-BIL, con quien compartía las responsabilidades del reino; el príncipe era un joven apuesto, gran guerrero, inteligente y diestro con las armas, así como un gran jugador de pelota.
El reino del Mundo Perdido era un próspero y activo pueblo, orgulloso de su comarca, respetuoso de sus leyes, tradiciones y fieles cumplidores de sus tributos, lo que los hacía un ejemplo entre las naciones Maya-quichés.
Las fiestas populares del reino, se celebraban en ocasión de la época de lluvia, para la siembra y para la cosecha, en las cuales por mandato del consejo del reino, se gestaba un cabildo abierto, un parlamento en el que los miembros de la comunidad tenían la oportunidad de tener un diálogo con su rey para plantearle sus problemas.


El soberano contaba además, con un consejo de sabios, quienes le ayudaban a tomar decisiones, con ellos se reunía durante los cabildos, en la plaza mayor; actos para los cuales celebraban sus actos de gobierno e impartían justicia a su pueblo.
El consejo estaba conformado por:
El búho sabio, consejero mayor; el jaguar valiente, representante de los guerreros; el papagayo parlante, vocero del consejo; el venado dirigente, la comadreja chismosa; el mapache comerciante; el tacuazín tesorero; el ocelote guardián; el clarinero observador y el tapir militar. El consejo por supuesto era  presidido por el rey, su hijo el príncipe Kai-bil y otros miembros de la casa real.
Un día, después de la cosecha, pasadas las nueve lunas, el consejo fue reunido en la plaza mayor del palacio, en cabildo para escuchar la queja de los pájaros.
-- Pii, Pii --
-- Tun - Tuntun - Tun - tronaba el tun y chillaba la chirimía, como la señal que cruzaba los campos, caminos, ríos y  valles, solicitando la presencia de los súbditos de la comarca en la plaza mayor del parlamento.
-- Pii-Pii --
-- Tun - Tuntun - Tun - acudían de los mas lejanos lugares al llamado del tun y los miembros del pueblo seguían el sonido de la chirimía.
-- Tun - Tuntun - Tun.
En la plaza mayor se juntaban, se reunían, cientos de animales que caminaban, que se arrastraban y aves que volaban; todos al llamado del tun y la chirimía y todos se colocaban, por orden del rey, en sus sitios respectivos; en cada uno de los lugares de honor se colocaban los miembros del consejo, el tacuazín con sus crías prendidas a la cola, se contorneaba mientras se colocaba en su sillón; el jaguar se recostaba, limpiándose los bigotes, mientras ronroneaba al desperezarse; el papagayo parlanchín en su estaca, agitaba sus alas, iniciando el parloteo con un grupo de loros que le acompañaban, cambiaba constantemente de lado mientras contaba sus aventuras.
El que se encontraba en su sitial, reposando plácidamente, adormitado, apoyando sus patitas en el sentadero, era el tapir representante de la comandancia militar cuyas múltiples condecoraciones brillaban en su pescuezo. El bullicio era incomparable, los cantos, los chillidos, los ruidos que cada uno emitía le daban a la reunión un sabor de sinfonía; un concierto a punto de empezar con afinamiento esplendoroso del sonido tropical de la selva.
-- Tu, tuuuuu - suena el cuerno, el que hace enmudecer a la concurrencia.
-- Tun - tun - tun - resuena imponente,  anunciando la llegada del soberano, de su hijo y su séquito.
En la entrada de la plaza mayor, se dejan ver sus altos penachos de pluma de pavo real, las cortesanas que preceden se asomaban anunciando la llegada del soberano; su blanca túnica bordada de plumas multicolores de pájaros de la selva, dejaba una alfombra de pétalos a su paso. A su diestra el apuesto Kai-bil, le acompañaba empuñando su lanza ceremonial de oxidiana. Mientras los  súbditos le reverenciaban a su ingreso, el rey se  dirige al centro de la plaza donde se encuentra el imponente trono, levanta sus brazos mientras toma asiento ante los aplausos de su pueblo.
-- ! Su majestad el rey Kek-chí, su majestad el príncipe Kai-bil, han echo su entrada! -- anunció el papagayo.
-- Que abra el parlamento -- dijo el rey.
-- Todos aquellos que tengan algo que decir, o vienen en busca de justicia, acérquense a la presencia del omnipotente -- gritó el papagayo.
Un grupo de aves, en las que se encontraban los clarineros, las chorchas, los cenzontles, los pericos y los loros alzaron al vuelo y se posaron frente al trono del soberano.
-- Hablad con la verdad; que se os escuchará y se os hará justicia -- dijo el papagayo.
-- Su majestad, rey de todos los animales, todo poderoso Kek-chí, que los dioses tus hermanos, nos den aliento y mitiguen nuestras penas, ayúdanos a resolver nuestros problemas, ¡ Oh señor ! -- dijo la chorcha, que era el portavoz de la palabra.
-- Hablad con la voz de mi pueblo, di los males que te aquejan -- dijo el rey.
-- Mi rey, mi señor, traigo el mensaje de todos los pájaros de esta tierra, que una pena embarga nuestros corazones, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros símbolos Quetzal y Quetzalí, sufren grandemente, pues los malos zaraguates de la montaña, han robado sus huevos empollados, que se encontraban en su nido en lo alto del chico zapote, y los han escondido en las montañas, ¡ los polluelos están a punto de nacer y si nacen en cautiverio morirán, morirán, morirán !
-- Ahh,Ahh -- gritaba la concurrencia,  los murmullos y comentarios que se escuchaban eran en señal de repudio y rechazo.
El venado se incorporó y tomó la palabra:
-- Continuad, necesitamos saber mas detalles, contad ¿Cómo sucedió?, deseamos saber la historia de  cuánto pasó.
-- En la noche de la tercer luna, mientras Quetzalí procuraba la comida de su pareja, fue sorprendida por una manada de zaraguates de la Aldea Río Arriba; y éstos tomaron de su nido los dos preciosos huevos de nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros símbolos; y a través de las lianas cargaron con los huevos hacia las montañas y los ocultaron en las cuevas de los altos montes y del río subterráneo, donde son custodiados por los espíritus de los brujos malos, sajorines del mal. Un ciento de monos cuidan la entrada a las cavernas; ¡ los polluelos están a punto de nacer y si nacen en cautiverio morirán, morirán, morirán !.
-- Ahh,Ahh,Ahh -- gritaba la concurrencia, con los mas diversos comentarios.
-- Mi rey, mi señor, enviad a tus guerreros a salvar los huevos de Quetzal y Quetzalí -- replicaban en coro los pájaros.
El señor del mundo perdido, levantando sus brazos, mientras se incorporaba, hizo callar a la concurrencia y dijo:
-- Deseo escuchar las voces del consejo -- haciendo una pausa -- mis sabios consejeros, hablad, que tenéis que decir al respecto.----
-- Es una pena lo que sucede, pero hay que ser drástico se deberá formar un grupo de guerreros y tomar por sorpresa a nuestros enemigos los zaraguates y rescatar los huevos -- dijo el jaguar.
-- Hay que rescatarlos, hay que rescatarlos -- dijo el mapache, mientras daba vueltas.
El clarinero observador, después de haber emitido un graznido, opinó:
-- No es prudente atacar, sin conocer bien al enemigo; la estrategia a utilizar debe ser bien coordinada, para no poner en peligro los huevos de Quetzal y Quetzalí.--
-- Si, tienes razón -- dijo el ocelote -- pero que opina, el estratega de la guerra, el tapir militar.
(Bostezando) – Estoy de acuerdo con el jaguar de que se trata de una  salvajada pero lo mejor sería concertar, los zaraguates en manada son peligrosos, piénsenlo bien, son peligrosos.
-- Buu,Buu,Buu – le gritó el pueblo.
-- Escuchad -- dijo el búho -- hay que tomar en cuenta que las cavernas donde se ocultan los huevos son custodiadas por los espíritus de los brujos malos, sajorines del mal, y poseen el hechizo de las tres pruebas.
-- Y si esas pruebas no se cumplen no habrá poder alguno en ésta tierra que rescate con vida los huevos de Quetzal y Quetzalí -- dirigiéndose al soberano -- mi rey todopoderoso, habrás de investir a un guerrero que sea el más valiente, el más inteligente, para que se prepare para recibir las bendiciones del Altísimo y sea ungido para obtener las tres llaves, las tres gracias, con los tres aromas y los tres colores que le ayudarán a romper el hechizo, eso permitirá el poder destruir los poderes mágicos que protegen las cavernas.
-- Hay que vencer a los zaraguates, a los espíritus de los brujos malos, sajorines del mal -- hay que salvar los huevos de Quetzal y Quetzalí -- gritaron los miembros del consejo.
-- El búho sabio ha hablado, con sentido y responsabilidad, como rey y rector de éste consejo debo pedir a todos sus miembros que nombren para tal comisión al príncipe Kai-bil, heredero del trono.---
--- Debemos pedir a su majestad, que envíe a su hijo al rescate, el príncipe Kai-bil, el más fuerte, el más valiente, el heredero del trono, a cumplir ésta misión -- dijo el búho.
-- Sí, el príncipe Kai-bil -- vitorearon todos los del consejo. Y el pueblo en coro repetía:
-- ¡ Kai-bil !, ¡ Kai-bil !, ¡ Kai-bil !
-- Designo para esta peligrosa misión al príncipe Kai-bil -- dijo el rey -- recibirá la unción con los tres sacerdotes del reino; con esto recibirá la bendición de los Dioses, con lo que obtendrá las tres llaves, las tres gracias, los tres aromas y los tres colores para romper el hechizo…, Príncipe Kai-bil, ve y rescata los huevos empollados de Quetzal y Quetzalí --.
-- El señor del mundo perdido, nuestro amo, nuestro rey, ha hablado y su palabra es ley, cúmplase su mandato -- dijo el papagayo.
Y todos vitorearon al rey y al príncipe Kai-bil, instando a cumplir su tarea.


CAPITULO II

"EL PRINCIPE KAI-BIL Y LAS TRES PRUEBAS"
El príncipe Kai-bil recibió el mandato de su padre y por orden del consejo se aprestó a ser llamado ante la presencia de los tres sacerdotes del palacio.
-- Deberás recibir los fluidos mágicos y los instrumentos para cumplir con tu misión -- le expresó el rey -- tu templanza y buen juicio, se pondrán a prueba hijo mío.---
          Kai-bil se inclinó frente a su padre, quien poniéndole sus manos sobre la cabeza le dijo:
 -- Mi heredero, ve con cada uno de los sacerdotes antes de empezar tu jornada y que los dioses mis hermanos, te bendigan y te den la fortaleza y la inteligencia para salir con bien de tu gran tarea --
          El príncipe Kai-bil fue conducido al altar mayor del palacio por el jaguar y el mapache ante la presencia del sacerdote mayor, la serpiente cascabel; quien le habló así:
-- Príncipe Kai-bil, la prueba que has de pasar, es la primera de tres una tan importante como las otras. Pero tendrás las armas para defenderte y las pócimas que te ayudarán a vencer para cumplir con tu tarea, he aquí la primera. Deberás buscar y encontrar el río llamado Pucté, en él buscarás la poza de los sapos, en cuyo fondo verás una mancha de peces de colores; éstos peces te guiarán al cementerio de los cangrejos donde deberás buscar la primera de las tres llaves. Con esta llave en tu poder iniciarás la segunda prueba, caminarás en busca de las aves nocturnas del paraje de los ciervos; ellas te guiaran al lugar donde nacen los lirios y en estas flores gigantes encontrarás la segunda llave. Con las dos llaves en tu poder viajarás al hogar de los zompopos con alas, que tienes sus agujeros en la colina de los conejos, ellos te llevarán hacia  donde se divisa el árbol llamado Ceiba en cuyas ramas encontrarás un agujero que contiene la tercera llave. Llevarás para este viaje, una bolsa de cuero que contiene en su interior algunos dijes que sabrás utilizarlo a su debido tiempo.
          Las tres llaves te permitirán abrir la puerta del bosque encantado; recuerda de que en cada una de las tareas encomendadas, tendrás que sortear peligro. Vé a la presencia del segundo sacerdote, él te dará la solución a la segunda penitencia--.
El príncipe Kai-bil, fue conducido por sus acompañantes al lumbral del segundo altar, en él encontró al segundo sacerdote, la Boa emplumada quien postrándose ante el príncipe le dijo:
-- Hijo del soberano, la prueba es difícil de cumplir, pero con tu fortaleza la puedes superar; escucha lo que te voy a indicar  -- y continuó -- Después de abrir la puerta del bosque encantado, deberás encontrar los tres aromas. Para encontrar el primero de ellos, marcharás hacia donde se oculta el sol, en un claro del bosque de los árboles llamados hormigos, encontrarás una planta de hojas largas que existe y crece en el barranco de las culebras, deberás llegar a ella, con las víboras, usa tu inteligencia.
Tomarás las hojas y las llevarás junto a las piedras de volcán dispersar a la orilla del pantano; las molerás y obtendrás el primero de los tres aromas, con él en tu poder, continuarás por el sendero que conduce al paso por donde viajan los patos en el invierno, en medio de la sabana de arenas amarillas encontrarás varios troncos huecos, en el interior de uno de ellos encontraras el segundo aroma.
El tercer aroma lo encontrarás en la Isla de Piedra, en el centro del lago de las Flores, en el punto más alto de la isla hallarás un pozo en cuyas paredes crecen las flores más bellas, las rosas rojas; con ellas tendrás el material del tercer aroma--
-- En cada uno de los tres sitios un peligro amenazará tu vida; con los tres aromas podrás encontrar los tres colores, que te darán la clave de la siguiente y última prueba. Llevarás éste morral, su contenido sabrás utilizarlo a su debido tiempo.--
Para la tercera penitencia el príncipe Kai-bil fue conducido a la presencia del tercer sacerdote, la serpiente Barba Amarilla quien le dijo:
-- Valiente hijo del Soberano, la mayor, la mas difícil prueba tienes que sortear. Para eso escucha atentamente lo que te voy a decir -- continuó, después de una breve pausa.-- Tomarás cada uno de los aromas que obtuviste en la segunda prueba y colocándolas en un guacal, los mezclarás, la bebida que produzcas, la beberás, cuando el sol se encuentre apareciendo en el horizonte. El poder de los dioses Mayas invadirá tu cerebro, recibirás a través de esto la fuerza necesaria, para vencer el mal.--
La serpiente, le hizo entrega de una piedra, diciéndole:
-- Llevarás esta piedra de sílice, que te protegerá. ¡Tú vencerás, Príncipe Kai-bil. -- 

CAPITULO III
" LAS TRES LLAVES "
          Largas horas caminó el príncipe, por las veredas, por los caminos y a su paso las aves le animaban, los animales le acompañaban y le obsequiaban frutos para que se alimentara. Por las noches, cuidaban de él velando su sueño. Mucho caminó, enfilando siempre hacia el Norte, hasta llegar al rió llamado Pucté; punto de partida de la primera prueba. El río de aguas claras y cristalinas, que permitía ver el fondo, este corría lentamente entre las piedras y peñascos, el murmullo producido a su paso asemejaba a los gritos de las garzas.
          El príncipe, se dirigió río abajo donde él sabía que al llegar a un paraje, en un remanso del río, se divisaba la poza llamada de los sapos; se acercó a la orilla y reposó por un momento mientras observaba hacia el fondo de la poza para ver a los peces de colores. Esperó y esperó, pero jamás pudo verlos.
-- Les buscaré en el fondo de la poza-- murmuró.
Colocó todas sus pertenencias junto a la orilla y se lanzó al agua, nadó, nadó, hasta llegar al centro de la poza; llenó sus pulmones de aire y se sumergió, se introdujo al fondo de la misma. Estaba a punto de salir a la superficie, cuando de pronto escondidos bajo las piedras, observó a los pececillos de colores.
-- Príncipe Kai-bil, sal a la superficie sabemos a que vienes y te diremos que hacer-- dijeron los peces.
Salió, entonces a la superficie, nadó hacia la orilla; los pececillos de colores se acercaron presurosos  hacia él.
--- Peces de colores, decidme, ¿Dónde se encuentra el cementerio de los cangrejos?---
-- Oh, príncipe Kai-bil, el cementerio de los cangrejos queda aquí mismo, bajo las piedras de la orilla izquierda, pero es custodiado por dos enormes lagartos que no permiten que nadie se acerque; éstos animales se encuentran muy hambrientos y son muy peligrosos a quien se atreve a enfrentarlos--.
En efecto, los dos enormes lagartos eran un peligro para obtener la primera llave.
-- ¿Qué he de hacer para combatir y eliminar a éstos lagartos?-- pensó --No me dejaran llegar al cementerio de los cangrejos--.
-- Príncipe Kai-bil no te acerques, te podemos devorar, regresa a tu palacio, nada tienes que hacer aquí -- dijo desafiante uno de los lagartos que se movía nerviosamente.
-- He venido por la primera de las tres llaves y no me iré sin encontrarla aunque mi vida se encuentre en peligro--.
-- No podrás vencernos -- dijo otro lagarto.
          Kai-bil, entonces recordó que el primero de los sacerdotes le había entregado una bolsa de cuero con algo en su interior, buscó en ella, encontró flores de pito; tomó un puñado y las lanzó hacia los hambrientos lagartos, quienes las devoraron inmediatamente.
-- Coman lagartos, coman, mitiguen su hambre --.
-- Chomm, chomm, chomm --.
          Luego se sentó a esperar el efecto de la flor de pito, al cabo de algunos minutos ambos lagartos dormían y roncando plácidamente. Se incorporó y caminó sigilosamente entre los feroces animales, sin chapotear el agua, sin hacer ningún ruido. Se acurrucó frente a la piedra más grande y debajo de la misma encontró múltiples tenazas de cangrejo de variados tamaños y colores, entre ellas se distinguía una de tamaño dos veces una mano, que se encontraba incrustada en la arena; él la tomó y la extrajo con gran dificultad, la puso por arriba de la piedra. La estrelló en contra de la misma hasta que se rompió totalmente y encontró en su interior la primera de las tres llaves.
          Habiendo obtenido la primera llave, el príncipe continuó su viaje por las veredas, por los caminos, por las montañas y los valles; día tras día, siempre se hacia acompañar de aves, por los animales del campo, quienes le animaban en su propósito; en la noche del tercer día, el príncipe se aproximó hacia una planicie cerca del río, allí acampó, colocó una manta en el suelo donde se recostó la hierba estaba húmeda, pero agradable e inició  la espera del paso de las aves nocturnas. No había  transcurrido mucho tiempo cuando escuchó:
-- Chiiii-Chiiii -- gritaban las aves nocturnas mientras se acercaban al paraje
 -- Chiiii-Chiiii --.
-- Aves nocturnas escuchad, vengo en busca del lirio gigante, guiadme, os lo pido, una gran tarea me aguarda, llevadme al lugar donde este crece.--
-- Príncipe Kai-bil, has llegado al sitio correcto, deberás caminar hacia donde se ve la luna, hasta entrar al paraje de los ciervos, allí encontrarás los lirios, te llevaremos, síguenos a través de la vereda estrecha y angosta que termina en un claro,---
--- chiii, chiii.--
Así lo hizo, corrió entre la maleza, corrió, siguiendo a las aves, hasta llegar donde se encontró el llamado paraje de los ciervos.
-- Detente, chiii, chiii -- dijeron las aves -- debéis de saber que alrededor de los lirios existe un pantano de arenas movedizas, debéis ser prudente. Usa tu inteligencia para salir con bien de esta prueba.--
          Se acercó con toda cautela, a la orilla del pantano, de allí observó que en medio de todas la flores, que se encontraban en el centro del pantano, emergía un lirio gigantesco, jamás nunca visto. Pero a la vez las arenas movedizas, no le permitían acercarse hacia donde este crecía.
Tomó varias cañas de bambú, de grueso calibre, las juntó y las ató una a una, y les dió forma de una especie de puente, para transitar por encima del pantano, como un arco iris, de una punta a la otra, de tal manera que las puntas se encontraran seguras en tierra firme. Subió a la escalinata hecha de bambú y marchando de puntillas, sin apoyar todo su peso, se deslizó hasta donde sobresalía el gran ramillete de lirios; estirando su brazo tomó y arrancó de un tajo el tallo del lirio gigante, la flor al perder, su vitalidad abrió sus pétalos, mostrando en su interior la segunda llave. Era tal su emoción de haber obtenido la presea, que cuando apoyó su pié en una de las varas, esta cedió a su peso, haciéndole perder el equilibrio y caer estrepitosamente al agua; en ese momento soltó la llave, la que voló por los aires. Al mismo tiempo que esto sucedía, un grupo de pijijes alzó el vuelo y coincidieron en pasar por allí, en el momento que el joven caía al agua.
-- chiii, chiii, tengo la llave, tengo la llave, chiii, chiii -- gritó uno de los pijijes, guía de las aves nocturnas.-- Chiii, Chiii, la tengo Príncipe Kai-bil, la tengo.--
          Efectivamente el pájaro, había rescatado la llave que el joven había soltado, cuando iba rumbo al agua. El príncipe con su gran fortaleza logró asirse de una de las cañas más gruesas y haciendo gala de su fuerza logró incorporarse hasta subir de nuevo a las cañas y arrastrándose sigilosamente retornó a través del bambú hasta tierra firme. El pijije le estaba esperando con la llave en su pico; y se la entregó, habiendo completado parte de la primera prueba.
          Muy de mañana salió el joven príncipe, en busca de la tercera llave, dirigiéndose hacia la colina de los conejos, donde trabajaban los zompopos alados; largas horas caminó por veredas y caminos, hasta encontrar la colina. Allí encontró a los zompopos alados que formaban largas filas y empujaban bolas de lodo que conducían a la entrada de su agujero. Largas caravanas formaban los buenos artesanos que nunca dejaban de trabajar. El príncipe Kai-bil se acercó a ellos y les dijo:
-- Zompopos alados, vengo a pedirles que me guíen al árbol llamado Ceiba; el árbol que se encuentra en medio de la colina de los conejos.--
-- Sabemos cuál es tu misión, ¡ Oh príncipe y señor ! -- contestaron los zompopos -- sigue nuestra fila de artesanos quienes te conducirán a tu destino. Tienes que saber que en el agujero que existe en la rama del árbol, habitan, dentro de el un panal, de las abejas negras asesinas, cuyo veneno es mortal para los humanos -
-- Lo tendré muy en cuenta.--
Los zompopos artesanos, formaron un pelotón y se dirigieron por delante hacia el sitio donde sobresalía el árbol llamado Ceiba.
-- Hemos llegado, mi príncipe, deberás de tomar muchas precauciones para evitar ser picado por las abejas. Toma estas bolas de lodo y úntalas en todas las partes de tu cuerpo, esto evitará que las abejas asesinas te piquen --.
          Kai-bil así lo hizo y untó su cuerpo con el lodo que le había proporcionado los zompopos; esto confundió a las abejas, quienes sin alborotarse no se dieron cuenta que el príncipe se acercaba. Tomó su bolsa de cuero la colocó como un guante alrededor de su mano;  luego la introdujo al lugar donde el enjambre cubría la entrada del panal. Empujando a las abejas, tomó la llave y con mucha delicadeza la extrajo sin alborotarlas. Habiendo obtenido así la tercera llave y finalizando la primera prueba.


CAPITULO IV
" EL BOSQUE ENCANTADO "
La segunda prueba fue iniciada después de haber obtenido las tres llaves para abrir la puerta del Bosque Encantado. El príncipe Kai-bil se internó en la maleza, dentro del bosque,  caminó por muchas y largas horas, caminó, caminó hasta encontrar el paraje donde se oculta el sol. En ese lugar, dentro de un pequeño barranco, divisó  la plata de las hojas largas y verdes que brotaban desde el fondo, protegiendo las plantas y las hojas se encontraban cientos de víboras que se contorneaban a su alrededor y que no permitían que nadie se acercara.
El había recibido de parte de la Boa Emplumada, el morral en cuyo interior se encontraban los polvos mágicos de armadillo. Se acercó lo más que pudo, desafiando a las culebras, tomó el polvo y les lanzó un puñado, las víboras se paralizaron inmediatamente. El príncipe tomó varias de ellas y las trenzó hasta formar un largo bejuco, el cual amarró en un árbol lanzando la otra punta al fondo del barranco; descendió a través de ellas hasta llegar donde crece la planta, cortó varias hojas y escaló de nuevo hasta la orilla. Como le habían indicado machacó y molió las hojas en piedra obteniendo una sustancia, el té de limón para infusiones. El primer aroma había sido obtenido.
Continuó su viaje, caminando por los senderos, atravesando los ríos y buscando por las veredas hasta llegar al sitio donde los patos vuelan en el invierno, mucho tubo que caminar hasta encontrar el lugar en la montaña donde se encontraban los tres troncos huecos en forma de triángulo en medio de la sabana de arena amarilla. En uno de los tres troncos se encontraba el segundo de los aromas.
-- ¿ En cuál de los tres troncos he de buscar ? -- pensó el príncipe -- meteré la mano en el tronco de la derecha, haber que sucede --.
Metió su mano en el primero de los troncos, sin haber encontrado nada y se puso a observar que sucedía con los otros dos. En el tronco del centro, donde había un enjambre, vio que las abejas zánganos, unidas trabajaban sin prestar atención, recogiendo el polen de las flores de los alrededores y circulaban ordenadamente de un tronco a otro. En el tronco de la izquierda vio que en su interior se encontraban los aposentos de la abeja reina, dueña del segundo aroma; pero a la entrada del panal se encontraban los vasallos cuidadores, los gusanos que producen calentura.
-- El humo espantará las abejas y las brasas destruirán a los gusanos -- pensó el príncipe.
Tomó dos ramas secas de matilisguate, juntó a la grama con hojas secas, lo frotó y lo volvió a frotar hasta que produjo una pequeña llama que luego se transformó en fuego. El humo producido por la hojarasca se elevó y penetró a los troncos espantando a las abejas, las ramas secas del matilisguate se habían transformado en tizones, el príncipe los tomó en sus manos y los acercó a los gusanos, los cuales se desprendían y caían al suelo enroscándose sobre sí mismos.
La entrada se vio libre de los bichos y las abejas, por lo que el príncipe introdujo su mano y extrajo la miel de la abeja reina que era el segundo aroma.
          En busca del tercer aroma el príncipe Kai-bil, guiado por los animales del bosque, así fue como se dirigió al lago de las flores donde en sus aguas se encuentra la Isla de Piedra. Caminó por los senderos hasta llegar a la orilla del lago donde él se dio cuenta que no tenía como transportarse hacia la isla. Pasaban por allí una mancha de patos Poc o zambullidores, los cuales sabiendo de las pruebas se acercaron al príncipe.
-- Sabemos por que te encuentras aquí y te vamos a ayudar, oh príncipe Kai-bil --.
          Los patos habían improvisado una hoja gigante  de quequeshque como embarcación para llevarlo a la Isla de las Piedras. Subió a la hoja y dejó que los patos halaran  la embarcación haciéndole llegar hasta la isla, allí donde desembarcó, luego se dirigió al peñasco más alto donde se encontraba el brocal del siguán.
Tomó varias hojas de palma y xate los cuales trenzó y formó con ellas un lazo el cual le sirvió para deslizarse por las laderas del pozo en busca de las rosas rojas.
El espíritu guardián del siguán al enterarse de lo que sucedía, principió a hacer aires de remolino que aspiraban de afuera hacia adentro. El aire succionaba con gran fuerza al joven príncipe que descendía por las laderas del pozo. El aire lo atraía al centro de la tierra, se tambaleaba por lo fuerte y violento del ventarrón. El lazo hecho de palma empezó a ceder y la resistencia del príncipe se hacía cada vez más débil.
-- OH, Dioses mis hermanos, ayudadme -- gritó  -- dadme la fortaleza necesaria para resistir los vientos del mal--.
-- Kai-bil, utiliza la fuerza de tu cuchillo de oxidiana -- dijo una voz que provenía de los cielos.
          Y el viento por momentos aumentaba; el príncipe, haciendo un esfuerzo máximo y sosteniendo su cuerpo con una sola mano, sacó del cinto su cuchillo, lo tomó de la punta y lo lanzó con toda su fuerza al fondo del siguán.
-- ¡ Ahhhh, Ahhhh ! -- fue el gemido que se dejó escuchar del fondo del pozo; el viento principió a desaparecer, calmó, cesó y todo se tornó en calma y tranquilidad.
          La virtud del cuchillo de oxidiana había asustado al espíritu guardián del siguán. Kaibil continuó su descenso ya sin mayor dificultad, hasta encontrar los ramos de las flores rojas que crecían en la ladera del pozo, las flores rojas llamadas rosas del tercer aroma.
          Tomó un ramillete y con este bajo el brazo escaló hasta el brocal del pozo. Ya en suelo firme, tomó cada uno de los pétalos de las rosas rojas y las molió en piedra, allí encontró el tercer aroma.
La segunda prueba fue completada.





CAPITULO V
" LA PRUEBA FINAL "
Completadas las dos pruebas anteriores, el joven, procedió a mezclar el aroma del té de limón, el aromas de la miel de abeja reina y los colocó en un guacal hecho de tecomate; luego les agregó la esencia de las rosas rojas y con una caña de la planta del maíz, las revolvió; los tres colores aparecieron uno por encima del otro, el verde por el té de limón; el amarillo de la miel de abeja reina y el rojo de las rosas. Este era el brebaje que según el tercer sacerdote, la Barba Amarilla, debía de ser ingerido por el joven príncipe; se hincó, viendo hacia donde sale el sol, murmuro algunas oraciones, ofreció el sacrificio hacia el cielo y cuando el sol principió a aparecer en el horizonte, tomó el guacal,  lo acercó hasta su boca y bebió el preparado, el líquido mágico que le daría las tres gracias, sabiduría, valor y astucia.
Tomó hasta la última gota y se recostó en la hierba, reposó por algunos minutos, luego tomó la piedra de sílice que había recibido por parte de uno de los sacerdotes; la colocó sobre su frente, recostado boca arriba; el sol se había levantado en el horizonte y proyectaba sus rayos luminosos, sobre la arista de la piedra que tenía la función de concentrarlos, y trasmitir la energía necesaria al cerebro de Kai-bil. Sus ojos así como su cabeza permanecieron por espacio de algunos minutos, como una braza incandescente
Ya por la tarde, después de haber permanecido en reposo, algunas horas, se levantó de donde se encontraba, un radiante resplandor, emanaba de la figura del príncipe, lo que indicaba que se encontraba preparado e investido para la prueba más difícil, cuya meta era recuperar los huevos empollados de Quetzal y Quetzalí, en poder de los monos zaraguates.
El siguiente paso era encontrar el trayecto hacia la aldea Río Arriba de los zaraguates; en ella capturar al zaraguate mayor, para obtener el pase y poder penetrar entre las filas de los cien zaraguates que cuidaban la entrada a las cavernas. Donde debería vencer a los brujos malos sajorines del mal y salvar los huevos.
Caminó por los montes los valles, por las veredas y los caminos,  en todo su trayecto era vitoreado por los animales y las aves quienes le veneraban y lo animaban. Mientras caminaba a la orilla de una quebrada seca, escuchó un lamento que penetró en sus oídos.
-- Oh, padre mío, príncipe Kai-bil, mi Señor, vuelve tus ojos de bondad hacia mí y ayúdame -- fue la plegaria de una venada que lloraba por haber resbalado por la ladera.
El príncipe escuchó el ruego y bajó por la quebrada, se acercó a la venada lastimada y comprobó que tenía fracturada una pata.
-- Mi amiga venada, llego en el justo momento, no debes moverte pues tu pata está cortada en tres partes; con los Dioses mis hermanos mitigaré tu dolor y pegaré tus huesos --.
El príncipe se hincó junto al animal, tomó sus manos y haciendo una reverencia imploró al cielo; el resplandor que surcaba su cabeza iluminó sus manos, las colocó sobre la pata de la venada y dijo:
-- Deja que la fuerza de la sangre de los Dioses, surquen tus venas de tu cuerpo y se deposite en tu pata enferma -- dijo Kai-bil, mientras la luz se fue extinguiendo paulatinamente -- ponte de pie, la curación se ha realizado --.

La venado se incorporó sin ninguna dificultad.
-- Mi amado príncipe, debo agradecer tu bondad y delicadeza, te llevaré sobre mi lomo a la aldea Río Arriba de los zaraguates, en agradecimiento a lo que has echo por mi --.
Así lo hizo, montó en el animal quien a través de veredas, solo por ella conocidas, lo condujo oculto entre los árboles y plantas a la aldea de los zaraguates. Allí permaneció frente a la aldea escondido para idear la forma de atrapar al zaraguate mayor.
Tomó el fruto de un cocotero, le cortó un cachete, bebió su agua; dejándole un pequeño agujero de entrada a la cavidad. Tomó un banano y lo colocó en su interior con la idea de usarlo como cebo para comérselo.
          Amarrada con una cuerda hecha de maguey de un extremo, y del otro por la mano Kai-bil. Era una trampa, con todo cuidado fue colocada frente al agujero de la casa del zaraguate mayor.
Un tiempo más tarde,  por el olor del banano salió de su cueva el zaraguate mayor, que aunque muy nervioso y suspicaz, se acercó hacia donde estaba el fruto del cocotero con el banano en el interior; lo observó, lo vio, lo olfateó y con gran curiosidad viendo hacia todos lados, introdujo su mano al interior del coco, tomando del banano con la intención de sacarlo para comérselo. Al quererlo sacar, no pudo ya que con el puño cerrado por no soltar el banano, el espacio del agujero no permitía que extrajera su mano.
Varias veces intentó soltarse y antes de poder chillar para pedir auxilio, Kai-bil le cayó encima y le capturó.
-- Te tengo, zaraguate mayor. Tú serás mi pasaporte para ir a las cavernas de los brujos malos, sajorines del mal --.
-- Príncipe Kai-bil, mis guerreros te derrotarán y no permitirán que cumplas con tu palabra.
          Con la ayuda de una cadena hecha de hojas de palma, transportó al zaraguate mayor hacia donde se encontraban las cavernas de las altas montañas, donde un ciento de zaraguates cuidaban la entrada. Con su presa se presentó a la entrada de la cueva, frente a los zaraguates y les dijo:
-- Dejadme pasar, el zaraguate mayor me acompañaba y no desea que sus amigos y los miembros de su manada sufran ningún daño –
--- Uuu, Uuu, Uuu -- brincaban los monos jóvenes desafiando al príncipe
--- Uuu, Uuu suelta a nuestro hermano, Uuu, Uuu, libera a nuestro jefe, Uuu, jamás podrás penetrar si no nos entregas a nuestro hermano --.
-- No soltaré a vuestro jefe, pero además deberéis respetar mi jerarquía como príncipe de todo éste reino; soy vuestro soberano, dejadme pasar --.
-- Uuu, Uuu, no te lo permitiremos, suelta a nuestro jefe.--
-- Dejadle pasar, dejadle pasar -- dijo el zaraguate mayor.
Poco a poco se empezaron a retirar los zaraguates, haciéndole una valla; Kaibil, con  paso firme llegó hasta los aposentos de los espíritus. Antes de devolver al jefe de la manada de los zaraguates, les dijo a los monos:
-- EL CASTIGO, QUE DE HOY EN ADELANTE OS CONDENO A SUFRIR ES, QUE CADA VEZ QUE DENTRO DE UN COCO LA MANO METAIS, SEREIS HECHO CAUTIVOS --.
y desde ese entonces los monos zaraguates son cazados de esa manera.
El joven, entró a la cámara en donde reposan los espíritus de los brujos malos, sajorines del mal.
-- Espíritus del mal, venid a mi, muestren sus caras ante mí -Las siluetas etéreas de los espíritus se arrastraron desde el fondo de la caverna hasta colocarse frente al príncipe, su imagen se contorneaba y a ratos desaparecía y con voz de ultratumba, así hablaba:
-- Príncipe Kai-bil, vienes por los huevos de ave que obran en nuestro poder; deberás mostrarme tu inteligencia para salir victorioso de éste recinto, de lo contrario, no habrá más príncipe heredero, ¡morirás! --
-- Espíritus malignos no me asustan; les he traído un obsequio que los hará felices. En este tecomate que contiene el elíxir que los volverá a la vida, si lo desean, lo pondré en el suelo, mientras ustedes lo disfrutan, yo buscaré los huevos de ave que se encuentran en éste lugar --.
Colocó el tecomate en el suelo, le quitó el tapón y les dijo:
-- Si quieren revivir con el elíxir de la vida tienen que demostrar que tan rápidos son para penetrar al recipiente y beber el brebaje,  les diré que veinte gotas de vida hay en el interior y cada gota les brindará cinco años de vida nueva, mientras más gotas tomen, más tiempo vivirán --.
Al quitar el olote que tapaba el tecomate, con una violencia endemoniada, cada uno de los espíritus penetro el recipiente con una velocidad increíble hasta el fondo del recipiente en busca del elíxir de la vida. Cuando hubo penetrado el último de los espíritus, presuroso colocó de nuevo el tapón y los dejó encerrados, y así los sentenció:
-- POR SER AVORAZADOS Y POR QUERER TODO PARA SI MISMOS TENDREIS DE CASTIGO, QUEDAR ENFRASCADOS POR EL RESTO DE SUS VIDAS -- Y el tecomate permanecerá enterrado en las cavernas toda la eternidad.





CAPITILO VI
" EL REGRESO TRIUNFANTE DEL PRINCIPE "
          Con todo júbilo y alegría, el príncipe Kai-bil, después de haber ejecutado todas sus penitencias y pruebas, se introdujo a la cámara de la caverna donde se encontraban los huevos de ave; los cuales para su sorpresa se habían roto y en su lugar habían aparecido dos bellos polluelos de quetzal de plumaje verde y pecho colorado. Las crías gritaban de alegría al ver al príncipe y con pequeños saltitos se colocaron en ambos hombros del príncipe.
El príncipe salió de la caverna junto a sus dos tesoros, los polluelos de Quetzal y Quetzalí, y emprendió su viaje de retorno al reino del Mundo Perdido.
Por los valles y los campos, por las veredas, por los montes y ríos; todos los animales salían a su paso a vitorearlo y con gran algarabía se sumaban a la caravana que se dirigía al palacio del rey Kek-chí.
Cientos de pájaros, manadas de animales, se reunieron en la plaza mayor del palacio, era una fiesta de pájaros, un carnaval de animales, que junto a los miembros del consejo vitoreaban a su soberano. El príncipe Kai-bil, hizo su ingreso acompañado de todos sus amigos los animales al recinto de la plaza mayor y junto al trono de su padre colocó a los polluelos en una de las estacas del trono, y así les habló:
-- HE AQUI, EL PREMIO A LA VALENTIA Y EL ESFUERZO, NO HE TRAIDO LOS HUEVOS, PERO HE TRAIDO A MIS DOS SUBDITOS, LOS POLLUELOS PARA ENTREGARLOS A QUETZAL Y QUETZALI --.


          El majestuoso quetzal y su compañera se alzaron al vuelo, colocándose a los pies del trono del rey Kek-chí. Mientras que sus polluelos les fueron entregados.

Y así el pueblo de Kek-chí y Kai-bil, volvió a ser tranquilo, lleno de felicidad, justicia y belleza.

          Quetzal y Quetzalí, después de agradecer a su príncipe alzaron el vuelo más alto que el cóndor y el águila real, todos vivieron felices, EN UN MUNDO DE LIBERTAD.








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