miércoles, 5 de octubre de 2011

MUJER BONITA. (ixom shulo´oc)

 Cuando te fui a buscar hasta la pilona, allí donde se alborotan las aguas, se arremolinaban en el remanso al hacer tumbos que se desbordan ágilmente por los lados; mientras el chapaleo de las palanganas junto al chiguás, chiguás, de las lavanderas madrugadoras que junto a los volcanes de ropa multicolor, apelmazaban los trapos después de haberles restregado con el jabón de bola.

El vaho se levantaba como cortina de humo desde la caída del agua, que salpicada por el sereno, titirita del frío, mientras los rayos del amanecer se hacían presente dibujándose en pequeños arco iris que se proyectaban desde los abiertos chorros.

Pasé con sigilo, como quien no quería ver, pero no estabas, las furtivas miradas de las presentes, que  escondían las sonrisas detrás de las trenzas, que indicaban que sabían que te buscaba, los comentarios entredientes y en lengua, que correteaban de un lado a otro del lavadero, acuchuchaban el sonrojo de tus mejías, cuando de pronto, te vi bajar por el caminito, con el canasto de ropa en tu cabeza, el azabache de tu pelo que ondulaba hermoso en el contorno de tu lindo traje que disimulaba exquisitamente la forma de tus pechos.

El corte te hacía un marco de esplendor en las curvas que mostrabas en tus caderas, que se insinuaban sencillas como el candor de tu inocencia, reflejando en tu rostro la belleza de linda mujer, que marchitaba a su paso cualquier pétalo en flor y el reflejo del tímido sol que se asomaba entre las nubes de agua.

Cuando pase de regreso, el chismorreo se hizo evidente, las insistentes risas y miradas, incitaban los rumores del chasqui, que deambulaba de palangana en palangana; me pareció que detrás de ese lindo rostro te ocultabas; se quedaba corto entre las madejas de la charla como deseaba dirigieras una mirada, hacia donde con ansias me encontraba embelesado, admirándote. Yo por supuesto, buscaba la excusa para hacer que dejaras de perderte el jabón o mantenerte agachada y  me cruzaras como en una ocasión aquella mirada de tus grandes ojos negros, que me quitaron el aliento.

Y me quedé esperando, a pesar de los cotorreos y alguna que otra indirecta, me senté en el pretil del puente y decidí esperar que salieras, dispuesto a todo, a enfrentarte,  a verte de frente y tratar de inventar una conversación que me permitiera estar aunque sea por unos instantes a tu lado. Se hizo tarde junto al  silencio de una hora y media que  había transcurrido, el sol me había calado hasta los huesos y sudaba, no se si por el esperado encuentro o porque el verano era cálido, te vi aparecer por el lado contrario de donde me encontraba, tu paso era ligero, como de retirada, apenas tuve tiempo de incorporarme y salir en tu persecución, apreté el paso hasta colocarme a tu lado.

--- Buenos días, señorita – dije entrecortadamente, mientras el corazón me revoloteaba rápidamente en el pecho y la respiración me hacía jadear.---

No había logrado que contestaras, estoicamente mirabas hacia el frente sin inmutarte de mi presencia.

--- Este… señorita…..---mas no pude concluir ni la frase, me volteaste la cabeza, haciendo una abanico con tu cabellera, que me dejó el aroma límpido de mujer bonita. Respuesta no hubo, o quizás?, perdí el paso me rezagué, y vi como desapareciste de mi vista, doblando en la esquina.

Me quede parado con un ramo de flores de palabras en la garganta y un cúmulo de ilusiones en la cabeza, frustraciones talvés, no había logrado impactarte en lo mas mínimo.

Justo una semana hace que te vi la primera vez, bajabas de la camioneta que venía de la capital, cuando al levantar la mirada, te vi, allí estabas tu!. Entre las champas del mercado, ese güipil café, adornado con un collar de plata que hacía juego en esa ocasión con una trenza hermosa que descansaba sobre tu hombro derecho y coquetamente amarrado con una mariposa de carey; la belleza de tu rostro me impactó, tus mejillas como dos manzanas lucían radiantes a pesar de que el día estaba nublado, tus grande ojos negros se solazaban viendo hacía el atrio de la iglesia donde un ramillete de vejigas intentaban fugarse hacia el cielo, una ensarta de cohetillos que se dieron por detonar, hicieron que dirigiera la mirada hacia otro lado. En un instante habías desaparecido, a pesar de que me subí a una de las bancas del parque y estiré cuan largo era mi cuello, te perdí entre la multitud del día de mercado.

Mujer bonita, me dije, como te voy a volver a ver, pero la suerte así lo quiso, muy de mañana, me dirigía a la oficina, esperaba tener una reunión de trabajo, cuando de pronto de una de las callesitas empedradas, como atropellando salió una carreta que acarreaba unas redes, me hice a un lado y volteé a ver y … allí caminabas presurosa, con el canasto de la ropa, el sonido de tus pasos con el roce del corte me hipnotizaron, como un faldero, primero con la vista y luego con los pies, te seguí, solo quería saber adonde ibas o venías; me detuve a cierta distancia cuando tomaste, por una callejuelas que se dirigen hacia los lavaderos públicos, a la pilona, como le dicen. Olvidé totalmente que tenía que presentarme a mis labores, al traste con el trabajo.

--- Oye.. Muchacho, que te pasa, como que estás en otro lado.--- me insistió un compañero, que había notado de mi viaje a la luna -- ¿estás enfermo? –

--- No, un poco cansado talvés, no pude dormir bien --- pero lo que pasaba por  mi mente era esa figura maravillosa, esa delgadez de cintura, con la faja multicolor que hacía resaltar sus caderas.—

La actividad de mi trabajo me hacía en algunos casos mantenerme entretenido y olvidado en parte de mi pensamiento, viajaba a las comunidades, a realizar inspecciones de los cultivos y otras actividades relacionadas con mis compañeros del campo, pero al sentarme a tomar una tasa de café o comer un par de tortillas, como que mentalmente viajaba al infinito, tratando de imaginarte junto a mi, o quizás verte de frente. Me veía acariciando tu cabellera, pero de pronto despertaba de mi imaginación. Al estar de regreso me ensimismaba en mi habitación, tratando de concentrarme en algunos papeles proyectos o presupuestos que obligatoriamente tenía que revisar en mis tiempos libres, ha veces me quedaba dormido en la mesita que me servía de todo; los truenos y  los fuertes goterones de las lluvias me despertaban, me hacían salir al marco de la ventana a observar la bendición de la lluvia que maravillosamente se dispersaba por los campos.

Me tenías ensimismado, únicamente pensaba en ti, por lo que decidí que una de estas mañanas iría hasta final de la calle donde está la pilona y te iba a hablar, costara lo que costara. Si aún no sé tu nombre, ni donde vives, algo tengo que hacer.

Dispuesto a afrontar la realidad madrugué ese día, el frío me calaba hasta los huesos, enchamarrado hasta las orejas me dirigí calle abajo, al fondo se dejaba ver el volcán,  el de Acatenango, atrás el coloso de Fuego, mientras se echaba una fumarola que manchaba el límpido azul del cielo, allí estaban, como todos los días, vigilantes de los campos y apuntando al cielo.

Con las manos en los bolsillos me encamine hasta la bajadita para tomar la calle principal y asomarme hasta la boca calle del puente donde el riachuelo hacía un vado, ese era el lugar el camino a la pilona, en mi pensamiento la imagen fría de esperanza de ver si te encontrabas.

Jamás me diste una mirada, la insistencia de conocerte nunca tuvo respuesta, guardo en mi memoria el frote de tus piernas con el corte de tu caminar precioso, del color de tus bellos ojos, el azabache de tu largo pelo con olor a jazmín en flor; pero nunca supe tu nombre. MUJER BONITA.




No hay comentarios:

Publicar un comentario