miércoles, 5 de octubre de 2011

SUEÑOS DE NIEVE.

          Si allí me encontraba en una butaca a la par de tu cama, me cubría con una frazada de colores vivos, velaba tu sueño, tu descansabas de tus largas tareas domesticas, acomodé tus sábanas para cubrirte, acaricié tu cabello corto que te hacia un pequeño fleco en la frente, el guante de lana recorrió tu frente hasta dejarla despejada, mientras mis labios depositaron un dulce beso, ni te moviste, en ese instante me quede estático viendo la belleza de tu rostro angelical que me llevaba a lo mas profundo de mi anhelo, la sensación fantástica de un bello sentimiento. Te admiraba y dejaba que el hilo de mis pensamientos hilvanara, toda una aventura que crecía con el tiempo.

          Con el índice pasé tocando la parte inferior de tu labio, mientras en la comisura se dibujo una sonrisa, con un movimiento casi imperceptible abriste los labios y como que quisiste morderme el dedo, instintivamente retiré mi mano, pero me tomaste del brazo y me acercaste hacia a ti, tus labios se posaron indelebles hasta depositar un ardiente beso, estabas despierta, sin abrir los ojos, te incorporaste sin soltarme los labios, los que mantenías con un pequeño mordisco en la parte inferior; sentí como tu brazo izquierdo se coronó alrededor de mi cuello y pacientemente pasé a susurrar en tu cuello: Ese aroma, esa cálida, y exquisita sensación de olor a mujer bonita, revoloteaba en los interiores de mi sentimiento.

          La escasa luz de las velas de la habitación reflejaba tu exquisita figura, el tenue blanco nacarado que daba el color de tu piel, era el tamiz con la luz de la vela, que hacía yo allí; te cubrí con mis brazos y sentí el terciopelo de tu desnudes, estaba extasiado, jamás pensé arrullarte tan tiernamente; mis manos entonces. , recorrieron las líneas de tu espalda como quien con el tacto dirige los mensajes del sentimiento.

          El silencio se hizo evidente mientras con tus manos arrancaste los botones de mi camisa y el estimulante rubor con que tus suaves manos acariciaban mis costados, las puntas de las uñas me estremecían en las áreas que los cosquilleos se tronaban placenteros. Te besé, a mas no poder recorría con mis labios en un ir y venir tus labios, tu cuello y tus pechos, que como en una aureola se erguían los pezones que rubicundos se entremezclaban en mis dedos. Te tenia para mi solo, tu me mimabas, me hacías estremecer , mientras el leve temblor de la emoción circulaba en todo mi cuerpo.

          Insistí en la conquista de tu vientre, con el suave roce de las mejillas hasta el alrededor de tu ombligo, que sirvió de punto de reposo, para sentir tu mas allá, como que dormitaba, volaba mas de mi ilusión y sentimiento de acariciar el infinito, para sin tropiezo estrujar con delicadeza el reborde de tu ropa, coquetamente sostenida por el reborde superior de la cadera. El tiempo se hizo eterno, el péndulo del reloj acompasaba el vaivén de ese amor de fantasía; el fuego que indómito asemejaba el choque de las olas del mar con los acantilados veraniegos.

          Y las gaviotas volaron presurosas en busca de sus nidos, el crepúsculo dio comienzo y final a la emocionante caminata, los rios desembocaron en el mar de la tranquilidad, tras el jadeo de dos almas que se fundieron en un TE AMO.

          Desperté justo cuando despuntaba el alba, el viento resoplaba por los rincones de la cabaña, me acerque a la ventana el horizonte se pintaba de invierno, loS árboles cargados con manchas verde oscuros sufrían el desencanto de perder las hojas,  una gran sabana blanca se había extendido sobre los campos, el pálido sol que apenas enseñaba una pestaña hacia esfuerzos de calentar la tierra. Frío estaba, caminé hasta el centro de la habitación, las cenizas de la chimenea se habían manchado con la nieve que furtivamente se introdujo desde el tejado. Encendí la fogata sentado en el suelo, acomode la leña y me tumbe a recibir lo calido de las llamas.

          En ese instante alguien someto la puerta y se hizo paso al interior, con botas de montaña, overol una chaqueta larga con reborde de lana, que cubrían hasta la cabeza.

--- Hola como estas, --- dijiste mientras te quitabas la gorra que cubría una gran parte de la cabeza y el rostro--- hoy amaneció frío, la nevada cubrió gran parte de la entrada y salí a recoger leña para la chimenea.---

---Si ya veo--- indique




















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