miércoles, 5 de octubre de 2011

EN LAS MONTAÑAS DE JALAPA

           El viento surcaba gélido y llegaba hasta los huesos, en el pasillo el montón de chamarras que se acurrucaban en las largas filas, humeaban en vaho, a la espera de pasar a recomendar sus penas; en el horizonte el volcán Jumay, coronado con nubarrones oscuros, era mudo estandarte de sigilosa estampa.

          Habían llegado cientos, con sus trajes típicos y con el machete al cinto, muchachitos mocosos con cara de hambre, algunos prendidos en la chiche o haciendo malabarismos en el perraje de la nana, las colas serpenteaban hacia la puerta de la escuela, lugar que se había preparado para la jornada. Adentro estaba el doctor, con su camisa gris con ribetes azules, con un emblema en el pecho, que identificaba la institución que lo patrocinaba, debajo de sus gafas y con el estetoscopio en la mano, escuchaba los lamentos, las quejas de los pulmones adoloridos o de las pancitas lombricientas de los niños de mi tierra.

          Como hormigas en los corredores, con papel en mano y quien sabe con que súplica, se aglomeraban las mujeres para ser llamadas y pasar a sub sanar sus adoloridos cuerpos.

--- La número #4.--- indico una voz femenina que provenía del salón.

--- Pase adelante, señora, ya le explicaron de que se trata el examen que le vamos a hacer.

--- El Papanicolaou, si me dijeron los educadores que es para prevenir el cáncer de la matriz.—

--- Muy bien señora, ahora súbase a la camilla, el examen se trata y le vamos a realizar......

          Había finalizado la primera parte de la jornada, el pálido sol se asomó corto a ratos, se había escondido poco antes, las motos de los educadores, abrían paso entre los caminos de la montaña, con sus faroles señalaban el paso estrecho de las veredas en descenso, tierra y barro, hasta lodo, a lo lejos se lograba divisar el pentagrama de luces multicolor de la ciudad de Jalapa. A la derecha las luces que indicaban la feria, con su rueda de chicago, que daba incansables vueltas al compás de la música de las rancheras de la polaca, loterías de pueblo, la rueda de los caballitos que era la delicia de los chicos, que aun por la hora se encontraban encaramados participando del jolgorio sin igual.

          La mañana amaneció fresca, la lluvia de la noche anterior, había dejado goteando los tejados sobre las aceras, algunos transeúntes con sendos plásticos se dirigían al mercado, y el grupo en su vehículo se había hecho de nuevo a la carretera, escalando veredas, mientras descubría hermosos parajes, lagunetas de aguas heladas, que salían a nuestro paso mostrando su belleza. Parches de agua que no aparecía siquiera en los mapas, pero allí estaban, bellas como son en Guatemala. Esta belleza se acompañaba con la bullanguera sonata matinal de los pájaros, que era como la bienvenida en el borde de la aldea.

          Allí estaba otro montón de coterráneos, en busca de ayuda y de medicina. Los participantes en la fiesta, se acomodaban al son de una marimba de tecomates, acompasando su tunga, tunga, que ayudaba ha hacer mas llevadera la espera. Se nos había instalado en una vivienda, con las incomodidades que eso significaba, la ventana a medio tapar, con camastrón puesto de canto, otra cama que funcionaba de mesa de exámenes. ¿De donde saldrá tanto chucho?. Como que buscan tratamiento igual que sus dueños.

--- ¡Con permiso, con permiso!, doctor, ¡le traigo un niño grave...!

--- Colóquelo aquí.... haber señora que le pasa al niño.--- mientras la madre le quitaba cuanta sabana y chamarra con que lo cubría; por un momento me quede en silencio, le vi entonces su carita, chupada hasta los huesos, los ojos fijos, secos, extraviados, por Dios que le creí muerto, sus brazos se desplomaron como de trapo, por encima de los de su madre.

---Tiene tres días de estar así, con asientos y vomitadera, no le para nada en el estómago, desde anoche ya no quiere nada, apenas traga, para afuera, ahora ya ni llora, ni se queja.--- indicó la madre.

          Venía sucio de algo que ya no era caca, era una cosa ligoza que le embadurnaba la panza y el trasero; los signos de deshidratación eran mas que evidentes, la mollera hundida, la lengua como de loro, el pellejo de la piel que se pegaba como chicle.  Al escucharle el corazón, se oía a lo lejos. Estaba vivo...!, pero grave, gravemente enfermo. Solicité el auxilio de las enfermeras, para canalizarle una vena, una aguja pericraneal y un suero; tomé un frasco de Gatorade que llevaba y a través de una cuchara le inicie a dar unos cuantos sorbos, después de algunos tragos, un tanto a la fuerza, como por arte de magia, cerró y abrió sus ojos, una pequeña semblanza de vida se dejó asomar, a la par que se inició el suero para reponerle el liquido vital en su maltrecho cuerpo famélico .

          El haber atendido al patojo, creo que valió la pena todo el viaje, la verdadera satisfacción del trabajo estaba en eso. Fue tan grande el día que el retorno fue imperceptible, la comida fue especial y el descanso, la dormida fue fantástica y reparadora.

          Iniciamos la tercera parte de la jornada, atravesando una enorme sabana, pringada de pastos, semovientes pintados de blanco y negro, grupos grandes de ganado que se arremolinaban en torno de los bebederos, otros que intentaban darse paso por las talanqueras de los potreros, en donde como embudo se apretujaban, al querer pasar todos al mismo tiempo, se encaramaban unos sobre de otros, mugiendo desesperados en búsqueda de los pastos y el alimento.

          Los vaqueros en sus labores con cubeta en mano, después de amarrar a los becerros a la pata de la madre, se sentaban junto a la cola del animal a estirarles las tetas para obtener la leche, mientras tanto una nube de garzas blancas se posaban alrededor del rebaño, con el fin de desperezarse y procurar su alimento con los animalejos prendidos en el cuero de las vacas, las que con sus colas como abanicos las hacían moverse para espantar las moscas.

Grandes manchas de gente, muchos de ellos habían amanecido junto al sol en espera de nuestra llegada, alrededor de una fogata ya casi extinguida. Las mujeres permanecía con sus niños en brazos, volcanes de tusas y hojas de tamal se acumulaban por todos lados. Los hombres, líderes de la comunidad, los de sombrero y gran machete al cinto, se reunían en uno de los saloncitos de la finca; cual era la actitud del grupo, se rumoreaba que la jornada corría riesgo de no realizarse, la gran movilización de gente, ¿Qué se iba a hacer?, regresarlos a sus lugares de origen con las manos vacías.

--- Estamos aquí, presentes a cumplir nuestro compromiso con la comunidad --- Indicó Gustavo, el jefe del grupo.--- nos sentíamos comprometidos, pero queremos que nos comprendan, la actividad fue suspendida por orden superior, pero aquí en el campo nosotros tenemos la intención de darles el servicio, con lo mejor que sabemos, les vamos ha dar consulta y les entregaremos, multivitaminas, hierro, desparasitante y cuanta medicina sea necesaria.---

--- A todas las señoras se les informa que se les estarán realizado los exámenes de papanicoloaou, y se les proporcionará atención prenatal, por el médico.---

          Miles de tabletas de hierro oral, fueron repartidas, otro montón de pastillas para sacar lombrices, Vitaminas a mas no poder, antibióticos, sulfas, tratamientos para diarrea, catarros etc. Pero no cabe duda lo mejor fue la satisfacción con que los pobladores recibieron nuestra buena voluntad, y la buena acogida, mediante una fiesta de felicitaciones y abrazos. Un Muchas gracias.!, fue el pago enorme que recibimos. Ahora estamos dejando atrás a muy buenos amigos y mas allá de nuevo el volcán que saluda a la entrada de la población.- Hasta la vista Xalapán.




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