La gigantesca luz que surcó velozmente el espacio chocó en la hondonada, después de haber roto la monotonía acostumbrada de silencio de los parajes del lugar, después de su estruendosa colisión, la palidez de la oscura tarde se fue paulatinamente retornando a la silenciosa tradición con festividad de grillos y chicharras que se acompasaban con los curiosos zaraguates; las lechuzas insistentes revoloteaban en el sitio del accidente.
Todo era expectación, los destellos luminosos que circundaban el área mostraban un objeto cilíndrico, los chispazos empezaron a disminuir de intensidad algunas luces se apagaron y el ruido de rueda de molino viejo, desapareció hasta convertirse en soplidos de aire caliente para luego quedar en silencio.
El bullicio generado en el barranco, matizado con los grupos de animales que en tropel abandonaban temerosos el lugar, llegó a oídos de los guardianes de la ciudad, soldados del reino, que como loros imitando el sonido de un cuerno comendaban en eco telegrafiado dando el son de alarma a través de la cordillera de árboles, hasta reposar la noticia al resto de los pobladores, los que escondidos pedían a sus ancestros la protección de los males con la idea catástrofes de las cosas que caían del cielo eran presagio de muerte o castigo en la propia naturaleza.
.....Y los monos aullaban, prendidos en los árboles, como frutos cantantes, meciéndose de las ramas mas altas, como el bamboleo sube y baja, mientras entonaban en coro:
--- Uh, Uh, Uh, --
Como asustados por la caída de la noche, de la tibia noche del trópico que salpicada de sereno, se escapaba pretendiendo en medio de las penumbras del cuarto menguante de la chapuda luna que les husmeaba desde el firmamento. Las ramas secas que cadenciosas se resquebrajaban sobre el amplio paisaje, arremetía entre la hojarasca que se regaba como lluvia de primavera que apenas topeteaba, sin inmutarse de los acontecimientos producidos después de la caída o mas bien estrepitoso encuentro de un cuerpo luminoso de los cielos, con la firme hondonadas del bosque, en la que como nido se había depositado en la barranca.
--- Uh, Uh, Uh, -- gritaban las manadas de zaraguates que nerviosamente chillaba al trasladarse de un lado a otro, mirando como perdidos detrás de las hojas de quequeshque, el extraño objeto.
No muy lejos de allí, JUN el gobernador de la comarca, se encontraba en palacio, en su trono cubierto de una hermosa túnica blanca, interrogando a sus consejeros sobre el fenómeno acaecido, junto a los sacerdotes, sus más caros guerreros y los sabios de la escultura y escritura, trataban de darse una explicación sobre el fenómeno, sobre todo de la bolas de fuego y la presencia de dioses; de los dioses caídos del cielo. Los miembros de la corte se movilizaban nerviosamente en los pasillos del palacio, preguntándose sobre el fenómeno, mientras los jóvenes guerreros eran instruidos para que realizaran una caravana que investigara el acontecimiento.
Un grupo de los guerreros leales al soberano, fueron enviados a obtener información, llegaron al lugar donde se condujeron en forma sigilosa y lenta por las veredas de verde esmeralda tapizada de musgos y tierra húmeda, avanzaron entonces hasta el borde del precipicio sitio donde la bola en llamas había depositado una columna de humo en los aires y el olor a monte quemado mostraba inequívocamente el sitio exacto del impacto. En el claro de la hondonada se dejaba ver un objeto metálico de forma circular que se había incrustado casi en su totalidad en el desfiladero y le permitía permanecer suspendida, como una estaca clavada en la ladera, ¡ Qué gran impacto !.
En uno de los alerones de sus laterales se insinuaba una abertura oval que daba la impresión de ser una compuerta, que se bamboleaba junto a las lianas que se estiraban desde las copas de los árboles circunvecinos, cuando inclinados por el peso, se dejaban caer como tirabuzones de confeti sobre la maraña de arbustos.
El grupo, expedición ordenada por el monarca, se internaba en la maleza caminando firmemente entre las hojas, haciendo un zigzag que remontaba los bordes de los pasajes, luego de grandes esfuerzos cargaron en procesión cuerpos envueltos en hojas de plátano, encontrados dentro del cuerpo celeste, sin tener chance de descansar, la soldadesca resoplaba en el camino por el peso de los cuerpos. Como guindados en los palos que de hombro a hombro conducían, amarrados de brazos y piernas como presa de caza llevaban a los seres de blancos que habían caído de los cielos.
En el palacio del soberano El Gran Jun, donde los salones estaban engalanados con hojas de Xate y Cola de Quetzal, de las vasijas de barro se levantaban las fumarolas del pum, en el centro los guardias de palacio abrían valla a su paso, donde su majestad el Rey, envuelto en sus trajes de guerrero, con una piel de tigre cubriendo el pecho y un penacho de plumas multicolor de Guacamaya, en su cabeza; hacía su entrada triunfal al portal; en su diestra el cetro en alto, el que se componía de un báculo de piedra con la imagen de la cabeza redonda de serpiente, que representaba al dios KUKULCAN. En la otra su lanza mayor con punta de oxidiana, la que sus aristas reflejaban las luces lunares que penetraban por los ventanales del templo.
Cuatro cuerpos fueron colocados ante él, despojos casi humanos que inertes permanecían, mientras los sajorines les examinaban de cerca, con los cabos de sus cuchillos empujaban el pellejo para establecer si había alguna respuesta de parte de los seres, vida tal vez.
-- Este es el único que está vivo, mi señor --- indicó un guerrero
--- Darles sepultura es lo prudente, a los tres restantes --- insinuó el soberano --- El que está vivo llévenlo a la cámara del altar menor, proporcionarle lo necesario para sobrevivir.---
---hay que darle lo necesario. --- repitió uno de los generales
La orden fue cumplida y el ser fue introducido a otra habitación donde fue colocado en un mantillón de hecho de hilos de colores, las damiselas corrían sigilosas para acomodar al extraño, mientras se movilizaban con cautela dentro de la cámara, los sacerdotes que le ofrecían brebajes de plantas medicinales, el brujo mayor se acurrucó frente al extraño, incitándole a beber el elixir de vida preparado con las recetas de los antepasados Mayas;
Un recipiente que se encontraba en un rincón despedía en serpentinas ascendentes el humo de la quema del POM, en las piras de barro cocido, que buscaban nerviosamente las ventanas laterales del recinto, las luces que despedían los pequeñas lámparas como fogatas, reflejaban las sombras fantasmales de los actuantes, aromas de las oraciones en pocomchí circulaban entre los murmullos de los presentes.
El pequeño ser, de ojos grandes como de vidrio oscuros incrustados en la parte anterior de la cabeza sin un solo rasgo y sin un solo pelo, no se dejaba ver ni insinuaba orejas, un esbozo de nariz, su boca pequeña de labios sumamente delgados; con un traje de color gris claro, sobre su escuálido y delgado cuerpo, manos grandes con cuatro dedos largos; yacía tendido sobre una loza del altar de la cámara. A lo lejos se permitía ver una leve respiración.
Sentado en lo alto de la pirámide, dibujando su pequeña estampa con un fondo de luna llena, el pequeño, pierde su mirada ante la inmensidad del cielo, el infinito pintado de estrellas, como haciendo recuerdos del mas allá a los de su raza, de su infinito como queriendo comunicar sus penas hacia su lugar de origen, una parvada de lechuzas que le hace coro a sus peticiones circunvolaban a su alrededor. Uniendo sus delgados dedos y entre lazándolos, agacha su cabeza como reverencia, en espera de una respuesta, una señal que no llega. Se incorpora y pausadamente regresa a la habitación.
Las paredes de piedra que le rodean se vieron de pronto manchadas con el carbón de los incensarios, mostrando figuras extrañas pintadas por él, un bosquejo de una ciudad de otra civilización de puentes colgantes y figuras geométricas que emergían de elevados cráteres de superficie oscura, trazos rústicos de líneas curvas y rectas que demostraban las ideas de un mas allá, intrigante, sereno, exótico e interesante que la habilidad de dibujante reflejaba mejor, como resignado a una espera sin respuesta.
Los tiempos transcurridos entre cientos de lunas y primaveras; la civilización envejecía junto a sus gobernantes. Bejep como se le había nombrado por la corte, al visitante del espacio, había encontrado la manera de convivir y comunicarse con sus captores, permanecía en palacio donde Jun le proporcionaba lo necesario para hacer sus expresiones de arte en las catacumbas de las pirámides. Le fue confiada la confección de un historial en el seno de la cámara mortuoria.
Imponente en la cámara que Jun había construido para su exhumación, se presentaba como un mural que contenía la figura de un óvalo de varios colores que representaba una nave espacial, similar a la que había sucumbidos en el viaje de llegada a la tierra, una serie de símbolos y signos que aparecían en la parte inferior, como un símbolo de paz en el espacio sideral. En la lateral se dibujaba un cosmos representando el sistema solar, como un punto pequeño del firmamento, en la cual conteniendo en algunas galaxias se señalizaba un punto en especial, el lugar de origen de Bejep. Miles de millones de sistemas planetas y soles eran mostrados dentro de la inmensidad del cielo.
El conocimiento y las enseñanzas habían sido bien aprovechados por los sacerdotes, artistas de la comarca, los que con gran habilidad reproducía imágenes y símbolos pintados en las paredes. En el túnel mayor del Mundo Perdido se representaban como historia la llegada del bólido del espacio y la muertes de los compañeros, de su enfermedad su curación y luego de su incorporación a la vida diaria del lugar.
Sus intervenciones e incorporación de sus conocimientos y cosas innovadoras, que hábilmente había enseñado. La señalización y la estructura arquitectónica que daba de los canales subterráneos, con el fin de transportar y almacenar agua por debajo de las magnas construcciones, las estructuras de captación de agua llovida, que reemplazaban las aguadas.
Todo el conocimiento adquirido y dado, toda una vida de un ermitaño que permanecía enclaustrado entre las paredes, sus recuerdos y esperanzas.
Un día el túnel fue cerrado, nadie supo porqué. Bejep fue puesto prisionero en una habitación que a pesar de que mantenía una abertura gigantesca hacia el cielo, fue confinado a no salir del recinto, los guerreros por ordenes de Jun no le permitía, deambular por los jardines, por lo que el empezó a entristecer de tal manera que permanecía recostado en el suelo, como meditando, la comida tradicional que recibía, se fue quedando, abandonada cada vez era lento su movimiento y menos la comida que ingería, lo único era que consumía grande cantidades de agua.
Permanecía largas horas de cara al cielo, como con la esperanza de ser rescatado. En cierta ocasión se presentó el enviado el Rey con un mensaje, le fue trasmitido que si se retractaba y destruía los lienzos que había colocado dentro de os túneles, el Rey Jun le perdonaría no solo la vida sino le permitiría abandonar el palacio y movilizarse a lo largo de toda la comarca: a lo que Bejep sabiamente respondió, el reflejo de la vida del Rey es el punto de decadencia del Imperio.
Bejep fue colocado en una vasija de barro y depositado dentro de una catacumba del palacio real, junto a todas sus posesiones.
Mas de un siglo después fue descubierto la entrada de los túneles, que serpenteaban en el corazón de la tierra de los antepasados, y hecho el hallazgo de las pinturas plasmadas en las paredes de los canales. Desde entonces se le conoció como EL MUNDO PERDIDO. Era la representación de las orgías las suntuosas fiesta que el Rey acostumbraba a celebrar, las cortesanas que figuraban libando y danzando en actos sexuales de las mas variadas posiciones y actuaciones de desnudes que incluían a la toda la corte. En altar principal se dibujaba la figura de una serpiente con alas, con la cara del Rey Jun, envolviendo con su cuerpo vasijas que representaban los pecados capitales.
Cuentan en la historia que después de que el extraterrestre dejo de existir, muchas plagas y catástrofes socorrieron el reino, luego la decadencia y después el abandono de los templos con la con sabida desaparición de la raza.
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