Allí estabas, bajo el dintel de la puerta, irradiando belleza a tu alrededor. El vestido color aqua, con el pijazo que dejaba ver el muslo y la rodilla me fascinaba; Tu cabello largo que se recostaba sobre el hombro, caía como cascada y se prolongaba como una cascada hasta los linderos de tus caderas…, estabas divina. Caminaste muy coquetamente hacia mí y alcancé apenas a darte un beso de buenas noches.
Se hacía tarde. Casi sin decir palabras transitamos por la larga avenida que nos saludaba con luces multicolores y con los adornos navideños. Llegamos a nuestro destino… se abrieron las puertas del edificio para dar paso a la belleza. Me sentía orgulloso. Tomate mi mano, con mucha fuerza… intuí que estabas nerviosa. El ascensor se detuvo en el ultimo piso, el Penthouse, un hombre nos recibió a la salida, nos dio la bienvenida y muy cortésmente señalo el camino hacia el interior del restaurante.
El ambiente era elegante, la media luz reflejada en colores tenues hacía que sobresaliera la mesita para dos con las candelas recién encendidas. El vino blanco dulce estaba preparado, el camarero vertió el néctar en largas copas. Estabas espléndida… tu imagen que siempre me impactaba, me hacía soñar con lo mejor de mi vida.
Después de brindar, te invite a salir al balcón, donde se adornaba la ciudad. La luna tímida apenas se asomaba en la cúpula de cielo. La ciudad, mi ciudad te daba la bienvenida. Frente a nosotros se desplegaba la Plaza Central, con su fuente luminosa en el medio, atractivo sin precedentes de la Capital. Frente a ella, al norte, el Palacio Nacional, con sus murales en el interior, monumento nacional, que en su tiempo fue cede del Gobierno y ahora, mudo testigo de jornadas de gloria, golpes de estado e innumerables hazañas. La Catedral Metropolitana a un Costado, saturada de palomas que habían dejado su marca en la fachada. El reloj recién iluminado marcaba las 9.25, los campanarios, como dos centinelas, custodiaban las añejas campanas.
En el lado opuesto el parque Centenario, con la concha acústica rodeada de árboles milenarios que se recostaban cansados sobre las bancas de mármol. ¡Ah, si esas bancas hablaran!, fueron y serán los lugares predilectos para los viejos que charlan del ayer, el sí de una pareja de jóvenes y su primer beso, y las reuniones familiares de los domingos por la tarde, entremezcladas con el colorido de las inditas de traje típico esperando que las chuleen.
Me acerque a ti por la espalda para cubrirte con mi cuerpo…, estaba haciendo frío, buscaste cobijo en mi, pero preferí que volviéramos al salón.
Brindamos una y otra vez, mientras ordenábamos algo para la cena. El piano de cola, escondido en una de las esquinas, tableteaba en música de Arjona, invitándonos a deslizarnos por la pista en ese momento usurpada por dos parejas. Me puse de pie. Me arregle el traje oscuro con corbata de pajarito y extendí la mano para invitarte… tomé tu mano y como con cierta ansiedad te lleve al centro del salón.
En ese momento te sentí distante, estabas conmigo pero tu mente vagaba. Tomándote entre mis brazos, nos mecimos suavemente al compás del bolero “Sin ti”. Mentalmente te recitaba al oído la letra de la canción… sin ti, no podré vivir jamás….
Y ese perfume de mujer bonita me recorría el cuerpo y perturbaba mi espíritu.
--- Te amo--- susurré a tu oído, envuelto en el ambiente romántico de la música.
No hubo respuesta. Tu mano izquierda que se encontraba en mi hombro ascendió hasta mi cuello, y te aferraste a él, recostaste el rostro sobre mi, como buscando acomodo. Con mi mano recorrí a lo largo del escote por tu espalda hasta llegar donde se insinuaban tus caderas, acariciando esa piel ardiente que me hacía temblar como adolescente. Soltaste mi mano derecha y nos fundimos en un estrechado abrazo. El corazón me palpitaba fuertemente, recordaba entonces la noche que te había conocido… en un cruce de miradas esa vez, una amor a primera vista se presentaba de pronto, las jugarretas que nos insinuaba cupido nos llevaron al borde de una aventura que elevaron nuestras almas hasta el mas allá.
Fue la noche de pocas palabras, estabas callada, tú la que siempre con una sonrisa en los labios charlabas animadamente sobre los aspectos interesantes de la vida. La música cesó, tomados de la mano me dirigiste hacia la mesa, no dejaste que viera tu cara, intuí que algo pasaba, ya en la mesa divisé unas lágrimas que terminaban de recorrer tus mejillas.
--- Voy al tocador--- dijiste.
No deseaba que te viera, me quede mudo, mas que de costumbre, esperando tal vez una palabra. Un poco incómodo, me acerque te tome de la mano y susurré:
--- ¿Que pasa mi amor?, Hoy es un día muy especial quisiera que estés feliz……--- Estoy sumamente feliz, cielo, tantas emociones juntas me…….ponen con sentimental--- la charla se interrumpió por la presencia del camarero, quien con una manta en el brazo nos sirvió la entrada.
--- ¡Esto no puede ser Enrique! no está bien para mi! Te amo y tú lo sabes, pero no le puedo abandonar…además mi hijo, todo un adolescente ¿que pensará de mi?---
Me volví a quedar callado, ¿que podía decir?, la decisión no era mía, la amaba con locura, los espacios de mi tiempo eran pequeños para pensar en ella. La sensación de inseguridad me volvió al cuerpo, estaba en un callejón sin salida y la veía sufrir, todo eso me hacía que la comprendiera. La vida nos había tratado mal, el paso de los años encantó la aventura convirtiéndola en una meta difícil de alcanzar.
Tomamos un café al final de la cena. Bailamos unas cuantas canciones, todo en el mas absoluto silencio, como queriendo adivinar lo que venía, estábamos atados el uno al otro, ninguno querría tomar la iniciativa, esa comunicación mental, ese apego, ese no se que me incineraba, ¿Sería esa la últimas vez que le vería? No lo se.
Tomé el pequeño abrigo y te cubrí la espalda, mientras nos alejábamos. Como un rayo el ascensor nos alejó de aquel paraíso.
Salimos a la avenida, para mi ya no estaba tan iluminada como al principio. Me hice el propósito de resolver la disyuntiva:
--- Esmeralda --- dije ---tú sabes perfectamente lo que siento por ti.---
--- Lo se perfectamente, pero mi corazón no quiere adelantarse, la decisión ha sido muy dura para mi, te amo con locura Enrique, pero la verdad no se que hacer.---
--- Hace un año que estamos juntos, quería que este aniversario fuera único, ansiaba poder decirte que te fugaras conmigo.---
--- Eso lo hacen los jóvenes, en mi, es una alternativa dura de tomar.---
--- Nos vamos fuera de aquí, iniciamos una nueva vida lejos de todo esto, un camino, una aventura, tu o yo.----
--- No podría esconderme el pasado me abrumaría………pero está bien estoy dispuesta a correr el riesgo, dime tu que he de hacer.---
--- Lo tengo todo planificado, en el parque de la plaza Berlín, al final de la Avenida Las Américas. A las dos de la tarde, tomaremos el camino mas corto hacia la felicidad……---
---Sin llamadas telefónicas, por favor, hasta que nos encontremos, mi amor---
Nos fundimos en un profundo beso que me quito hasta el aire, y selló nuestro pacto de idilio en un abrir y cerrar de ojos… esos besos que en tantas ocasiones nos habían trasportado a los verdes prados de la tranquilidad, a las playas entonadas en sabor de olas y sal, a fundirnos en un te amo, en un paraíso haciéndonos el amor.
Bajaste del auto, el movimiento de tus caderas y esa silueta de mujer bonita se confundió en la niebla de la noche de los alrededores de la casa, diste media vuelta para lanzarme el beso que depositaste en la palma de tu mano luego te esfumaste al cruzar el umbral de la puerta….
Estoy aquí en la plaza Berlín… ya casi son las dos de la tarde, sigo esperando. Desde hace dos años que vengo, siempre con la idea que ya viene, el corazón jamás pierde la esperanza. Las canas han empezado a florecer en mi cabeza y mi espíritu empieza a decaer, no he tenido noticias suyas, me siento solo. Lo prometido está en pie, sin llamadas por teléfono. He venido a sentarme no se cuanto tiempo en esta banca, ya deje mi marca, creo que hasta mi olor está presente.
Alguien desciende de un auto de alquiler, una dama con un abrigo largo y un pañuelo en la cabeza y se acerca:
---¡ Enrique! ¡ Aquí estoy!---
---¡Esmeralda eres tú!---
--- Si mi amor, aquí estoy, vengo a decirte adiós.., Perdona… no tuve el valor de hacerlo antes…., yo se que tu me comprenderás…---
---Pero……..--- me quede mudo otra vez, cuando descubriste tu rostro.
Eras tu, la misma, la mujer a quien amaba entrañablemente, solamente te vi un poco pálida y tu cabellera se había manchado de blanco, siempre linda, me acerque y te di un beso.
--- Vengo a devolverte la gargantía que me obsequiaste el día del cariño, guárdalo junto a tu corazón yo se que así no me vas a olvidar nunca. Recuerda el día de hoy, recuerde este amor eterno, que no pudo ser…--- Subiste al auto y te marchaste.
--- ¡Esmeralda……….espera mi amor!---
Esas fueron mis últimas palabras, antes de que te perdieras entre el tráfico de la Avenida. …..
Hoy es jueves, las hojas del otoño empiezan a revolotear en el patio; como decía mi padre el Diario hay que espulgarlo de atrás para delante, las noticias importantes siempre están la primera hoja. Me coloque los anteojos y sentado en el estudio, levanto la última hoja.
Allí estaba. ¡Imposible no puede ser! ¡Si ayer por la tarde yo la vi!
Rogad por el alma de quien en vida fuera:
Esmeralda.
Descansó en los brazos del Señor el día de ayer, a las 12 hrs. lo participan…
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