Bastión gigantesco que marca la casa real del reino criollo donde florecían con inefable abolengo los cuatro pueblos, de mayor prestancia y significado de la época.
El Reino del Norte, los Kekchí, hábiles guerreros habitantes de los bosques, cuya ciudad principal era la magnífica Tikal, cuyo soberano era el Príncipe JUN, sus súbditos eran un pueblo que en su mayoría se dedicaban al comercio, con sus vecinos los reinos de cerca del mar y de más allá del rió Nim já.
El Reino del Sur, los Kakchiqueles, grandes alfareros, que modelaban con mucha habilidad el barro, eran gobernados por el Príncipe QUIP, residían en Kaminal Juyu y Tulán Tzu.
El Reino del Centro, Pocomchís, orfebres y trabajadores de metales preciosos, comandados por el Príncipe OXIP, se asentaban en las ciudades que de las montañas y las más florecientes de todas eran, Gumarcaj e Iximché.
El cuarto reino, era el de occidente, que estaba constituido por los Tzutuíles, los hombres del Lago, buenos pescadores y excelentes fabricantes de telas preciosas multicolores. El Príncipe que les gobernaba era Caj'ib y sus dominios eran las ciudades de Nahualá y Utatlán.
Los cuatro príncipes eran de un solo origen y habían heredado de los dioses cada uno la potestad sobre los súbditos de la región.
La vida en estos lugares había transcurrido en una monotonía sin precedentes, pues todos y cada uno de los miembros de la comunidad permanecían incansables en sus labores cotidianas, sin tener la más mínima intención de divertirse o de ocuparse de alguna otra labor que les distrajera de su trabajo, las artes de la pintura, la escultura y el deporte al parecer se habían olvidado, la única otra actividad que les interesaba era la de agricultura.
En el caso de los habitantes de Nahualá y Utatlán, del reino de occidente, se dedicaban unicamente a la fabricación en telares o bastidores de mano, bellas telas y atuendos suntuosos para ser usados por príncipes y señores. Las Túnicas más famosas eran mandadas a hacer en este lugar; y mientras las tejedoras y los artesanos dedicados a estas labores, el soberano, el Príncipe Caj'ib, se dedicaba, junto a los miembros de su corte, a halagarse de grandes y suntuosas fiestas, donde junto a un grupo reducido de cortesanos, se dedicaban a disfrutar, departir y despilfarrar las ganancias proveniente de la venta de la multicolores telas utilizadas como huipiles.
Este príncipe debido a las fiestas y a las elegantes comidas que ofrecía en su palacio, había olvidado de sus obligaciones como monarca y los asuntos reales que debía de ponerles atención, los había dejado por un lado, se había vuelto tan descuidado que jamás se había puesto a pensar que las arcas reales se estaban quedando vacías porque se encontraba gastando más de los impuestos que su pueblo le pagaban, su descuido era tal que nunca prestaba atención a los asuntos relativos a su gobierno y no permitía que los jóvenes pertenecientes a las clases sociales de los señores de la corte, habían sido instruidos en las artes de las armas y había prohibido la participación de los soldados y guerreros en contiendas deportivas y en torneos; el arte de la pesca ya no era practicado. La única afición del Príncipe Caj'ib, era pasársela en largas contemplaciones, reunido con damiselas de la corte comentando durante largas horas, chismes e historietas de cuanto sucedía en la comarca; él era la persona que a través del arte de hablar demasiado, enteraba a todos de cuanto sucedía a su alrededor. Y era muy singular su proceder pues se contorneaba cuando se centralizaba en una charla, y le encantaba que los demás miembros de la corte le hicieran rueda para escuchar las fantasías e historietas que inventaba, con el fin de entretener a sus oyentes. De la veracidad de las grandes proezas y grandezas que contaba ya nadie le creía, pues siempre se relataba como el héroe de las historias. Vencía brujos, curaba hechizos y las mujeres más bellas caían entre sus brazos por lo valiente y osado que era. Sin embargo no faltaba algún lambiscón que le celebrase con toda pompa.
Las reuniones del consejo del reino, casi siempre terminaban en un corolario, en que otros jóvenes miembros del estado, les insinuaban en forma sarcástica que les contaría determinada aventura, en que él había tenido una formidable participación en salvar una bella princesa de manos de fantasmagórico animal.
El punto era que el Reino estaba a punto de entrar en un caos de tipo social y financiero, que era imposible de detener, máxime con la apatía en que el soberano enfrentaba las cosas.
Mientras esto sucedía, lejos de allí en el Reino del Sur, una cosa similar sucedía, los miembros de la comunidad se encontraban muy molestos con su soberano, que debido a la influencia de magos y sacerdotes que le enseñaron a la bebida, se había dedicado a embriagarse con jugo de la caña, fermentado en vasija de barro, infusión o bebida ardiente, que le habían proporcionado con la idea de que bajo el efecto de ella, podía gobernar mejor a sus súbditos.
El joven Quip, permanecía largas horas durmiendo y curándose el mareo que le producía la bebida alucinante, sin dedicarse a los asuntos de su gobierno, dejaba en manos de los aprovechados las leyes y disposiciones que afectaban a sus pobladores, que a pesar de ser grandes alfareros y producir las mejores vasijas y cántaros de barro, eran objeto de explotación por las personas que manejaban el estado en nombre del príncipe. Cultivaba la tierra, produciendo el maíz, principal alimento de la región, así como frutas y verduras que le permitían el sustento diario. Las grandes obras de arte en piedra y en barro habían sido las que les habían dado prestigio en toda la nación, y era la principal fuente de ingreso de los pobladores.
El Príncipe Quip, se la pasaba en plena celebración días y semanas enteras por lo que el descuido a que había llevado a su reino era sin precedentes.
El otro lugar en que se daba una situación desesperada era en el Reino del Norte, donde el Príncipe Jun, a pesar de que era a todas luces un gran comerciante y poseedor de abundancia en artículos de lujo y maderas preciosas, había asumido la actitud de dedicarse a despilfarrar todos sus ingresos holgazaneando todo el tiempo, por lo que por imitación sus súbditos, habían paralizado todas las líneas de comercio con otros reinos y se había dedicado a perder el tiempo y descansar, nadie en la comarca se dedicaba a labor alguna, ya que como siempre se había dedicado al comercio, no practicaban tan siquiera la agricultura y jamás les había llamada la atención, ya que los alimentos los adquirían en base a trueque. El reino, pasaba por una situación difícil, ya que nadie se quería hacer cargo de las cosas del estado y la hipoactividad había hecho presa a los pobladores quienes haraganeaban, sin darse realmente cuenta de estar a merced de sus enemigos; pues se había abandonado las artes de la guerra y todas las labores que implicaba esfuerzo físico. Las ciudades de la región daban la impresión de encontrarse muertas, pues sus habitantes permanecían en una pasividad extrema.
El Reino del Centro, aunque no se encontraba en una situación caótica desde el punto de vista de las finanzas, si padecía con las altanerías de su Príncipe. La vanidad era el pecado que hacía que las cosas no caminaran bien. Siendo un pueblo Orfebre que moldeaban y trabajaban con esmero los artículos de oro y jade, se veían en la necesidad de trabajar solo para su Príncipe, que por su actitud, siempre quería más y lo mejor de las joyas que eran producidas por sus artesanos. El Príncipe Oxip, siempre encontraba la excusa para enviar una caravana de sus mejores hombre en busca de algún tesoro escondido, de aves exóticas para desprenderlas de su plumaje o de las telas mas finas y preciosas que se producían ya que a él le encantaba de lucirse en las ventanas y corredores del palacio, en las plazas, en la suntuosas recepciones, engalanarse con la última moda de la época, usaba grandes joyas de oro y sus vestimentas siempre llevaba el sello inconfundible de la marca del metal precioso, todo cuanto poseía era de lujo y jamás permitía que nadie tuviera objetos de valor que a él le gustaran; y cuando esto sucedía él se daba el lujo de obtenerlo o arrebatarlo a costa de cualquier cosa. Su vanidad era tal que comparaba su belleza con la del astro sol y obligaba a las mujeres de su reino a que le adoraran como un semi-dios; por supuesto, sus labores de monarca al igual que sus hermanos los Príncipes las habían abandonado o nunca les había dado la debida importancia.
Ese era el panorama que presentaban los reinos de los cuatro príncipes, descendientes del tronco común de los ancestros Mayas. TZULTACA, el dios de los cielos, había venido observando el comportamiento de los jóvenes y no se encontraba muy contento de lo que había visto; y le ordenó a KUKULCAN, dios de los vientos que en forma de ave visitara a los cuatro reinos y corroborara el mal comportamiento de los príncipes y que les advirtiera a los súbditos de las comarcas, sobre la venida de un castigo del cielo.
En el lugar llamado Tikal, se desató una ola de calor que hizo que las pocas siembras del lugar se secaran, los ríos y las aguadas desaparecieran, haciendo que los pobladores casi murieran de sed y de hambre. Kukulcán se presentó al lugar y convocó al Príncipe Jun y le dijo:
-- El dios todopoderoso, el Gran Tzultacá, te ordena que camines durante cuatro lunas a la región mas al sur, tierra de los Olmecas, deberás viajar sin protección en tus pies , y tu único equipaje deberá ser un recipiente pequeño, llenado con polvo de carbón y aceite de higüerillo; llegarás hasta el valle de Ixtepeq, punto de reunión será, si quieres que tu pueblo se salve de la sequía, sigue mi consejo.--
Y así lo hizo, inició su viaje como le habían indicado hacia los reinos de cerca del mar del sur.
En el Reino de el Príncipe Quip, recibió el castigo se produjeron gran número de temblores de tierra que destruyeron gran parte de las poblaciones que se encontraban a la orilla de los barrancos, las canteras de barro se cerraron y se licuó el material usado para las vasijas. El príncipe que se encontraba por variar bajo los efectos de las bebidas embriagantes, creyó que se trataba de una fantasía o un sueño por lo que no quiso darle importancia a los movimientos de la tierra, hasta que se presentó Kukulcán y así le dijo:
-- El Gran Tzultacá, dios de los dioses, el magnificente, te ordena que dejes la bebida y que con premura camines durante cuatro lunas hasta los reinos del Sur, cerca del manto salado; la resaca de la última borrachera te durara todo el viaje y se te vedará el agua, deberás llevar como único equipaje la mitad de una culebra cascabel, la que enrollarás en tu cintura, tu punto de reunión será donde emerge la cabeza de piedra del valle de Ixtepeq, ve y cumple con la orden si es que quiere salvar a tu pueblo.--
A pesar de su estado, se hizo al viaje con lo ordenado.
El Príncipe Oxip, no creía lo que estaba sucediendo, la erupción de los volcanes que rodeaban las ciudades era imponente y las grandes bocanadas de fuego y lava destruían cuanto encontraban a su paso, las minas y los lugares donde se obtenía el oro y la piedra de jade había desaparecido. Era tal su vanidad y avaricia que el príncipe lo único que le preocupaba era el conservar y esconder todas sus joyas y sus tesoros. El dios Kukulcán se le apareció y le dijo:
-- Deja esos tesoros que donde tu vas no te van a servir de nada, son las órdenes del Gran Tzultacá, deberás abandonar todo cuanto tu tienes y caminarás durante cuatro lunas, hasta los reinos del Sur, en el valle de Ixtepeq, si en algo precias la vida de tus súbditos, deberás de seguir el consejo de los dioses, no vestirás ninguna ropa; y llevarás como único equipaje, dos ramas pequeñas de espino.--
Se despojó de todas sus riqueza y tomó dos ramas de espino y se dirigió al reino del Sur, junto al mar.
En el Reino de los Tzutuhiles, se produjo una gran conmoción, ya que el castigo recibido fue que levantaron grandes olas que destruyeron parte de las ciudades que se encontraban a la orilla del lago.
El príncipe Caj'ib, quien se encontraba reunido con los jóvenes y las doncellas, contaba sus aventuras en las márgenes del Chixoy y de como había nadado y salvado la vida a una princesa en las caudalosas aguas del río. Cuando de pronto le fue dada la noticia de lo que sucedía, al enterarse salió corriendo a esconderse y se volvió el hazme reír del la reunión. Kukulcán, se hizo presente y le indícó:
-- El Gran Tzultacá, el magnífico hace un mandamiento, deberás presentarte a los reinos del Sur, junto al manto salado, en donde se encuentra la gigantesca cabeza que sale del suelo, en el valle de Ixtepeq, viajarás a pié durante cuatro lunas, y no deberás hablar en todo el trayecto, para lo cual llevarás un olote mordido en tu boca, además en un recipiente pequeño, portarás, cinco semillas de achiote; si tu quieres que tu pueblo vuelva a ser el de antes deberás cumplir con esta petición.--
Tomó un morral y colocó cinco semillas de Achiote, mordió un olote en su boca y se dirigió hacia el lugar destinado.
CAPITULO II
EL ENCUENTRO.
En las planicies selváticas, en donde crecen los manglares, y los ríos se tornan caudalosos cuando se acercan al mar y donde la tierra reverdece todo el año, se encuentran las tierras de los Olmecas, reino de señorío, dedicados a la construcción de grandes monumentos, las cabezas redondas gigantescas que emergen del suelo como pidiendo a los diosas del cielo la lluvia vital para los cultivos y así que no falte el sagrado alimento.
Allí en el valle de Ixtepeq, campo sagrado por los indígenas de la región, fueron citados los cuatro príncipes de la estirpe real de los ancestros Mayas. Después de un arduo y largo viaje, se hicieron presentes llevando consigo las ofrendas que Kukulcán les había indicado.
En el centro de sitio, donde se encontraba el altar mayor, en la pira funeraria varios sacerdotes esperaban a los príncipes para ser ungidos y limpiados antes de pasar a la presencia de el gran dios Tzultacá, cada uno de ellos era lavado con agua de azahares y alhucema, luego enviados al fondo del altar donde se encontraba un temascal para que sudaran sus pecados, al salir eran lavados de manos y pies por las niñas princesas de las flores, con una infusión de ruda y hierba buena; sin ninguna ropa, solo cargaban en sus manos, las ofrendas ordenadas: la culebra, la pomada de carbón e higüerillo, las dos ramas de espinos y las semillas de achiote. Después pasaron ante la presencia del altar mayor de sacrificios, frente al trono del dios principal.
En ese lugar se les dejó hincados sobre una gran plancha de mármol en espera de la llegada del dios Tzultacá; el lugar se encontraba bellamente adornado con cueros de animales y finas maderas colocadas en un pedestal en forma de corona, en la orilla del sitial de honor reposaban dos tigrillos, que gruñían ocasionalmente en señal de infundir respeto.
De la nada apareció una nube blanca que se posó en el lugar y cuando se disipó, apareció sentado en el trono, el dios Tzultacá, con un gran penacho de plumas de quetzal sobre su cabeza, un cetro y una lanza en sus manos; Tenía el ceño fruncido, su expresión de cólera y su actitud era de beligerancia; poniéndose de pié les dijo:
-- ¡ Rayos y truenos, les he hecho venir, porque me encuentro disgustado con todos y cada uno de ustedes, he encontrado que a pesar que se le confié la conducción de sus pueblos, se han tornado esclavos del mal, sirvientes de los pecados capitales, que las virtudes conque fueron bautizados, han desaparecido en cambio, el vicio y la holgazanería, han tomado su lugar para desprestigio de vuestros pueblos ! , por eso, ha ordenado que se les castigue según su falta y de aquí hasta la eternidad van a pasar purgando la pena del vicio que cometieron.-- luego de hacer una pausa, alzó su brazo derecho, y lanzó una bola de fuego hacia los príncipes, y dijo -- Tu, Príncipe JUN:
El viento del norte te soplará las hijeras,
la pereza será tu mejor consejera,
desde hoy vivirás en una madriguera
de negro de carbón se mancharán tus ojeras.
Tepezcuintle tu nombre será, honrando tus placeres,
la lentitud y lo holgazán, presa fácil dispondrán
y así los depredadores, bocado tierno disfrutarán
hasta que de tu pecado, tu solo te liberes
Y en ese preciso instante se obró una gran transformación, el joven cayó al suelo y las orejas le crecieron del tamaño de un gato y la piel se le llenó de pelos color gris oscuro y negro, el hocico se le hizo puntudo y le aparecieron manchas oscuras alrededor de los ojos, color carbón y aceite de higüerillo; las manos se le transformaron en una garras de tres dedos y largas uñas, volteadas hacia adentro.
Allí nació el Tepezcuintle, se le llamó desde ese día A'ACRAM.
Luego se dirigió al Príncipe QUIP:
Con el aliento que brota de tus entrañas,
y el mareo que confunde tus pensamientos
te transformaré en zaraguate de pelos mugrientos,
cabeza pequeña como payaso, volatín con mañas.
La cascabel de cola, se te prenderá en el trasero
te recordará, ver el mundo siempre de cabeza,
cuando cuelgues de una rama de maleza,
todos se burlarán, como un gracejo verdadero
Al terminar de hablar, el príncipe principió a experimentar que le crecían y se le ponían delgados los brazos, tanto así que le llegaban al suelo, la cabeza se le redujo de tamaño, la cascabel que llevaba se le prendió en el trasero y se le volvió cola que se enroscaba, la piel se le llenó de pelos negros y gruesos en la espalda y le salieron pelos mas finos y blancos en la panza. En el Mono Zaraguate, se transformó, y se le llamó MASH..
Príncipe Oxip
La misma suerte de tus hermanos deberás correr,
pues el pecado de la vanidad te ha perdido,
en animal de cuatro patas, serás convertido,
Venado que solo monte, zacate y pasto podrás comer
Sufrirás desprecios y acecho por tu altanería,
las ramas de espinas, en tu cabeza como castigo
los gatos grandes, te perseguirán como su enemigo
Con perros, los hombres te darán cacería -- dijo el dios.
En un animal de cuatro patas se trasformó el príncipe, y se le pobló su cuerpo de piel café, y le salieron pequeños cascos, las ramas del espino se le pegaron en la cabeza y se le trasformaron en cuernos, una colita blanca le apareció. De allí en adelante se le conoció como KEJ, que significa venado.
Príncipe Cajib -- dijo Tzultacá:
El Mal de la lengua es el más grave de los pecados,
Puedes matar, herir y difamar, a tus amigos
ensalzarte, ser campeón y derrotar a los enemigos
con lo que hablas, evades y confundes a todos.
Reseco el pico en castigo, ganchudo crecerás,
Volarás, y de plumas verdes tu cuerpo cubrirás,
cabeza colorada, loro, perico de nombre recibirás,
y pendiente de una estaca la vida te pasarás.
El joven se vio cubierto de plumas verdes, y anchas alas, el pico se le tornó ganchozo y duro, la lengua se le secó, dos patas con tres dedos en forma de garra le salieron y al
moverse en el suelo se contorneaba para una lado y para el otro, que recibió el nombre de CHEQUEN.
Los cuatro jóvenes recibieron de manos de su dios Tzultaká, el castigo más cruel existente para los príncipes desobedientes, por lo lloraron su desgracia hasta que con sus lágrimas formaron un río, que corrió con todo y sus penas hacia el mar.
Abandonaron entonces, el lugar sagrado y se dirigieron hacia los cerros y desfiladeros de Palín, donde se ocultaron por largo tiempo.
CAPITULO III
EL DIOS DEL SOL
Entrado el otoño, cuando los vientos del norte se hacen más fuertes, los cuatro animales salieron de sus escondrijos y se dirigieron a la cumbre de la montaña, para comunicarse con el dios del sol SAK'E, como se les había indicado por los sacerdotes, quien durante esa época bajaba a la cumbre del cerro a descansar.
La Luna Pó, y las estrellas en formas de mujeres le adoraban en la tierra, reconfortándolo, peinándole su larga cabellera y ungiéndole sus pies con aceites aromáticos. El dios Sak'é, se recostaba cuan largo era en un verde prado, en medio de un jardín de flores multicolores, dormía mientras las damiselas le arrullaban con bellos cantos.
Kej, el venado, fue el primero en escalar la última parte de la montaña y acercarse hasta donde se encontraba el dios con su séquito.
-- ¡ Huy, que animal más feo ! -- gritaron las mujeres -- que cuernos mas espantosos lleva.-- y corrían a ponerse a salvo.
-- Soy el príncipe Oxip, vengo en busca del dios del sol, ¿ como podré hablar con su majestad ? -- replicó
-- Horrible animal, Le preguntaremos al divino, si quiere hablar contigo.-- le indicaron -- Pero con esa fealdad, no pretenderás que sea magnánimo y te reciba--
Dos de las doncellas se postraron frente al dios y después de una reverencia, le preguntaron si concedía audiencia al venado Sin inmutarse, movió la cabeza en señal de afirmación; y de inmediato las estrellas, lo comunicaron.
Cuando regresaron, Chequén el Loro, había llegado a posarse junto al Kej.
-- Estrellas del firmamento soy el príncipe Cajib, podéis ir a decir a vuestro dios SAK'E, si es posible que me reciba a mi también.--
-- Loro, papagayo, iremos a preguntar a la divinidad.--
Y volvieron ante la presencia del dios, y preguntaron; la respuesta fue afirmativa, y tornáronse, hacia donde los animales se encontraban.
Cuando llegaron ante ellos, A'cram el Tepezcuintle, había hecho su arribo, y mientras se limpiaba con la lengua el hocico y las patas delanteras, les indicó:
-- ¡ Oh bellas damiselas !, soy el príncipe Jun, deseo que pidáis por mi ante vuestro dios, una alegría se producirá en mi corazón si él me recibe, como a mis hermanos.--
Una vez más se dirigieron ante la presencia del dios, para hacerle saber de la petición de A'cram y una vez más Sak'é, se manifestó afirmativo. El último en llegar fue Mash, el zaraguate, quien se acercó hasta donde se encontraban sus hermanos, en el momento que las estrellas regresaban.
-- Tu, Mono zaraguate, ¿ también quieres que dios te reciba ? -- Si, mis hermanas y mis amigas, soy el príncipe Quip y
quiero que el dios me reciba junto a mis hermanos aquí presentes.-- La operación se repitió, y las cortesanas se presentaron ante el dios, quien les dió la venia para que se presentaran ante él los cuatro jóvenes príncipes.
Estos fueron conducidos por las damas, ante la presencia de la divinidad.
-- ¡ Oh, gran Sak'é, divinidad de los vientos, amo y señor de estas inmensidades, postrados a vuestros pies se encuentran estos animales del campo, que piden tu autorización, para haceros una petición! -- indicó una de las damiselas.
Junto al dios se encontraba un tecolote, que movía de un lado al otro su cabeza y apachaba un ojo, mientras se sacudía. Sak'é, unicamente le hizo una señal a su acompañante, quien dijo:
-- El gran dios, es todo oidos y es todo ojos, para escuchar la petición de las criaturas terrenas; hablad y dejaros oir, uno en representación de todos. Mantened baja la cabeza, no les es permitido ver el rostro del Señor de las alturas.--
-- ¡ Oh, Gran Sak'é ! -- dijo El venado, en representación de los cuatro.-- hemos venido hasta tu presencia para contarte nuestra pena, nuestra desdicha nuestra desgracia. Haz de saber que cada uno de nosotros, fuimos ungidos, por nuestros ancestros, como guías y cabezas de nuestros pueblos.
El castigo que enfrentamos, entendemos que es merecido, por lo que estamos a vuestros pies en búsqueda de misericordia y perdón para volver a nuestras antiguas formas.--
-- El pecado cometido por ustedes, cual fue.-- indicó el vocero del dios.
-- En lo personal-- dijo Quej, el venado -- La vanidad fue mi perdición, el reino de los hombres Pocomchí, ha sufrido mi altanería.-- luego indicó -- mi hermano A'acram, el tepezcuintle, el castigo lo sufrió, por ser artífice de la holgazanería, la pereza hizo sufrir a los súbditos los Kekchí.-- señalando al mono indicó-- a mi hermano Mash, fue descuidado su poder por dedicarse fervientemente a la bebida embriagante, el boj, e hizo entrar en la quiebra a sus súbditos del reino de los Kakchiqueles. Y así, también a mi hermano, Chequén, el loro, le perdió su lengua, al hablar mas allá de los linderos de la verdad y la fantasía, convirtió en hazme reír a su querido pueblo de los Tzutuiles.--
-- El gran dios Sak'é, considerará vuestra petición, cuando dentro del periodo de la lluvia, se sequén los campos por varios días, y la luna llegue a su máximo esplendor en el plenilunio.-- indicó en vocero
-- Vuestra majestad se encuentra en su período de reposo, retiraos de la presencia del divino y no importunes mas el sueño sagrado de mi señor.--
-- Así lo haremos, la paciencia es un las virtudes que hemos de practicar para poder volver a ser lo que éramos antes.--
Y los cuatro se retiraron dirigiéndose a las cuevas que les habían servido de escondite durante el invierno. Optaron por cargar alguna cantidad de comestibles para poder subsistir durante los largos cuatro meses que duraba la época del inicio de las lluvias.
Mash, llevó varias pencas de banano, y algunos frutos y hojas de los árboles que crecían en los alrededores, Chequén, voló algunas distancias para poder conseguir las semillas de los árboles, que le servían de alimento, Acram, era el que menos le costaba encontrar que comer ya que las raices de las plantas que eran su comestible, crecían en casi todos lados, así como Quej, la hierva o zacate, se encontraba por todos lados. Lo que les facilitó su permanencia en tan largo tiempo par esperar la decisión del dios; que les permitiera romper el castigo que se les había impuesto.
Y ASí CONTINUARON POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS HASTA NUESTROS DIAS..........
CAPITULO IV
LA RESPUESTA
Y bajaron las nubes a través de los acantilados, acarreando en su interior la voz de los truenos y los destellos de los relámpagos que anunciaban la presencia del dios TZULTACA, el se hacía acompañar de las musas de la sabiduría, las damiselas de la música y los mensajeros del tiempo.
SEGUNDA PARTE
CAPITULO VII
EL PRIMER BAILE
Los cuatro príncipes se dirigieron hacia donde nace el sol, en busca de las regiones del oriente, con el propósito de iniciar el largo viaje de peregrinaje a quienes se les había comprometido el Baile y el Canto, la penitencia según el dios Tzultacá. "Donde pespunte el alba deben de iniciar el florecimiento de la música, danza."
Esto les había hecho caminar largas distancias, uno detrás del otro, marchando trechos inhospitos, enormes praderas; que reflejaban en sus rostros, la marca de sus facciones , al tener al frente al astro sol; altos despeñaderos les abrían a su paso con el compás de las chicharras, quienes murmuraban al viento, la época de las lluvias y se hacían tan fuertes que irritaban los frágiles oídos de los animales.
-- Chi..qui..rin. Chi..qui..rin, Chi.qui.rin. Chi.qui.rin. Chiquirin Chiquirin.-- el eco prolongaba la cantaleta en el espacio de las montañas.
Chiquirín, retumbaba en las faldas de los cerros y en las gargantas de los desfiladeros, como pidiendo la bendición del dios de las aguas, para que desparramara, las gotas vivificantes de lluvia sobre los calcinantes acantilados, piedras de origen volcánico y el árido desierto.
La caravana avanzaba lentamente, debido a que A-CRAM, el tepescuintle, se daba a la tarea de recoger pequeñas semillas y frutas para alimentarse; a su vez CHEQUEN, el papagayo, volaba de rama en rama, como tratando de espantar el calor que les agobiaba, saltaba de un chirivisco al otro que bordeaban el camino, en ocasiones se posaba en las cálidas rocas a descansar ya que no podía volar grandes distancias.
MASH, el mono, cuidaba la retaguardia y en su simpática manera de andar, retornaba con la cola al dar de vueltas sobre si mismo, dando a la vez, chillidos y gran alharaca con el fin de alertar a sus compañeros. KEJ, el venado, se encontraba en la vanguardia, caminaba elegantemente, levantando su pata delantera derecha, con mucho señorío, mientras coquetamente dirigía sus cuernos hacia el cielo; su gran sentido de orientación, hacía que Dirigiera El grupo, escogiendo los senderos donde transitar sin peligro y los lugares en que acampaban bajo los frondoso árboles, cerca de una vertiente o en las márgenes de los sin par ríos de la región para poder reposar con tranquilidad, después de una larga jornada.
A'CRAM, con las semillas y raíces que había venido recogiendo se subía a uno de los árboles a degustar su alimento y luego se colocaba panza arriba a descansar, largos ronquidos dejaba escuchar. Mientras tanto sus compañeros, cada quien de la mejor manera se acomodaba, juntando una alfombra de hojas, pequeñas ramas y monte que les sirvieran de lecho; excepto Chequén que se reposaba en una de las ramas mas altas, donde ocultaba su cabeza debajo del ala y dormía plácidamente.
Cuando el sol les anunciaba el nuevo DIA, reiniciaban la jornada, que los conduciría al valle de los grandes animales Pre-históricos, para lo cual transitaban, por la quebrada de las aguas calientes, rumbo a los desiertos del Oriente y del valle de las rocas gigantescas, rodeado del rió Mayor del lago de los Manatíes, allá muy cerca del Mar.
Después de la mas larga trayectoria, por esos lugares llegaron hasta la resplandeciente Quiriguá, en donde un centenar de aborígenes les salieron al encuentro:
-- Sabemos, a que vienen. Nuestros ágiles mensajeros han transmitido las noticias de los dioses.--
-- Penitencia...... Penitencia..... -- repetía Chequen.
-- El gran dios Tzultacá, les envía a expiar sus penas y renacer de entre las cenizas.--
-- Así es queridos hermanos, venimos a expiar nuestras culpas.-- Kej
-- Bienvenidos, honor es que su primer convite sea en la Plaza Mayor de la Floreciente Quiriguá.--
Fueron entonces conducidos por los habitantes del lugar hasta gradas de palacio Real; donde se observaba los arreglos y adornos que se habían colocado alrededor de la magnífica Plaza Mayor para el debut de los príncipes.
Los trajes ceremoniales y demás aditamento que se usaría en el baile fueron colocados en el altar, y después de la ceremonia efectuada por los sacerdotes del lugar, fueron dejadas serenándose, con Pom, e incienso.
Los gallos anunciaron la salida del sol que perezoso, no dejaba enseñarse tras las nubes grises, que presagiaban la tormenta, los vientos gélidos del norte, los truenos y los relámpagos, se agazapaban entre los nubarrones, tímidos no se insinuaban esperando las ordenes del dios de los cielos, para descargar su impetuosa fuerza.
-- ¡ TZULTACA, opaca al dios de los cielos y ordénale que retira los malos vientos, que como buenos observadores, presencien el baile de los Cuatro Animales, que te rindan culto calmando la tormenta y deteniendo la lluvia. ! -- Gritó de lo alto de un altar el Sacerdote Mayor.
Como asustados los truenos, y las nubes grises se retiraron, dejando pasar los rayos del sol, los rayos se asomaban sobre las nubes para mejor observar desde arriba el espectáculo que estaba por iniciarse. El astro rey se terminó de desperezar y se mostró en todo su esplendor; acompañándole la fiesta de silbidos de las aves que regresaban de sus nidos a completar la sinfonía multicolor del paisaje matutino.
El venado hizo la presentación, al Mayor de la ciudad, dando una breve historia del motivo de la presencia de los cuatro, informándole del cumplimiento del cual él daría un salvaje castigo al cual habían sido sometidos, por los pecados cometidos. Y que por el único poder sobre la tierra, el del dios Tzultacá, podría sentir misericordia y eventualmente poderles perdonar; mientras tanto su deber era deambular durante muchas lunas, visitar muchos lugares y dar a conocer el arte de la danza, y el colorido de los trajes típicos de cada una de las regiones que representaban y el significado que representaba cada uno de los animales encarnados.
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